Trampantojo

Mia Bella

Tópico de nuestro tiempo. Hace unos días vi la película La otra familia. Al descubrir la trama, en el contraplano encontré similitud con una historia que me relató una amiga durante una deliciosa charla -mientras almorzábamos- en su casa en Diamond Bar, California. Se trataba de la historia de Mia Bella, una encantadora niña que hoy cuenta con casi cuatro años de vida y cuya existencia raya en los linderos de la armonía, la sensibilidad y el encanto de la gracia sensual de su chispeante mirada y traviesa sonrisa.

Ella es hija de mi hermano, que es gay –me dijo– y de su pareja, que es un acaudalado y prominente empresario de la música que ha trabajado en muchas películas de Hollywood. Tienen y ganan mucho dinero y ella vive en un mundo de ensueño con sus dos papás. Incluso, en su escuela, otros compañeritos se preguntan intrigados por qué Mia tiene dos papás.

 Mia Bella, en efecto, es hija biológica del hermano de mi amiga, él aportó su esperma. Y luego contrataron a una empresa dedicada a rentar mujeres para albergar al feto durante su gestación pero, más allá, también a resguardar óvulos de mujeres -que mantienen en el anonimato- de entre las cuales las parejas pueden elegir aquella que satisface sus gustos étnicos y aspiraciones estéticas. Nunca jamás ocurre el contacto presencial ni físico con la elegida. La empresa sabe quién es, pero la pareja de padres no. A la depositaria si se la conoce y se le da seguimiento durante la gestación y el parto, pero no se establecen, por contrato, vínculos afectivos entre la madre portadora y el producto del embarazo, ni mucho menos con la pareja. Es un negocio de 80 mil dólares. Llama la atención que mi amiga me contó todo esto con la naturalidad de la gente acostumbrada a los caprichos que la vida les presenta, sin más tribulaciones que las de asumirse como gente regular y cotidiana. Ella observa, sin falso orgullo, que su hermano y su pareja son gente como uno y que tienen derecho a elegir, decidir y actuar con base en principios morales y éticos apegados a sus particulares creencias en la superioridad de la conciencia humana para trascender a través de la educación que imparten e infunden en Mia Bella.

Mia Bella es un prodigio de la genética. Es un ser humano que irradia el fulgor de la inocencia y que se sabe amada. Es una chiquilla inquieta que ahora ya lee y escribe en los dos idiomas y además toca algunos instrumentos musicales. Es un amor. Sin embargo, el tema presenta cuestiones que quizá inquieten un poco a más de uno. Habrá qué reflexionar respecto a las condiciones culturales y los contextos sociales en que ese tipo de cosas ocurren. ¿Cuál pudiera ser el veredicto? La respuesta queda allende los estadios más elevados de la libertad y supera cualquier circunstancia de rechazo o intolerancia. La dimensión del hecho exhibe una alta dosis de coherencia, seguridad y audacia. También recuerdo a un amigo mexicano que me contó que él y su esposa tienen a dos cigotos fecundados y congelados (son niñas) en Nueva York a la espera de su decisión para traerlas por acá, a la evolución civilizatoria. ¡Sorprendente!

 

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