Trampantojo

Antología de agravios: ¡Fuera Peña Nieto!

Hoy experimento una agobiante y abrumadora sensación de pesadumbre. Me entristece la embriagadora lucidez que conduce a constatar y confrontar la realidad: Cuán penoso resulta descubrir que la violencia y el terror, sin miramientos, constituyen las nefastas bases en que se sustenta la política del miedo que impone sus reales en este México de piras y esquiroles. La revelación de lo inimaginable develó las atrocidades del régimen de la injusticia que se escuda en la farsa de la demagogia, ogro descomunal de la mentira, en el imperio de la impunidad... Látigo restallante que nos flagela pero que gozamos con categoría de pueblo acostumbrado a la opresión y al oprobio de la inmaculada corrupción y una encantadora antología de agravios.

Empero, aún hay luces allende el horizonte. Ha comenzado a emerger la Revolución de la Esperanza. Un nuevo país es viable y perfectamente posible, pero no a partir de las reformas insustanciales promovidas desde el poder de la ignominia encabezado por la ignorancia letal de un funesto títere engomado, edulcorado e impotente que se mofa de nosotros cuando en su maltrecho discurso, el de los diez puntos de la desvergüenza, dice unirse y asumir el clamor popular: #TodosSomosAyotzinapa. Tampoco a partir de la permanencia y persistencia de la verdad sospechosa de las televisoras y las fuerzas fácticas.

Ahora, más que nunca antes en la historia patria, es menester evitar que las generaciones futuras se pregunten y quieran comprender cómo fue que nada hicimos para erradicar las condiciones de corrupción y opresión que impedirían incidir en la mejor calidad de vida y la prosperidad de aquel su momento por vivir en el presente que a ellos les corresponderá. De no conseguirlo, la historia nos recordará como la generación que no supo cómo ejercer y exigir la democracia.

Tras profundas reflexiones me pregunto: ¿Cuántos agravios deberíamos acumular para acometer reacciones contra la ignominiosa actuación de la insolencia ataviada de blancura y falsa pureza? ¿Cuántas fechorías más deberemos soportar? ¿Hasta cuándo seguiremos tan permisivos y tolerantes con la desfachatez  que se burla en nuestras narices? ¿Dónde habrá quedado la dignidad nacional?

No hay más tiempo. Ante la retahíla de actos de omisión y negligencia gubernamental que constatamos  –y ante las evidencias contundentes de juegos de interés en pos de la búsqueda de medrar con el patrimonio nacional– hemos despertado, y estamos tomando impulso. No pararemos, no descansaremos. La exigencia es por la paz y la justicia. Es nuestro turno: Me uno a quienes demandamos la dimisión de quien detenta el cargo como presidente de la República. ¡Fuera Peña Nieto!

 

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