Agua de azar

Balada triste de Nueva Orleans

Empezó la era del oprobio y la infamia: EU ha elegido a un imbécil, un analfabeta funcional, alguien que no necesita pensar para actuar...

Vine a Nueva Orleans para celebrar 20 cuentos mexicanos que han captado la atención de no pocos lectores estadunidenses a través de estupendas traducciones y una hermosa coedición entre el Fondo de Cultura Económica y el National Endowment for the Arts. En estas calles de regio sabor afrancesado, balcones y macetas, macetas y más macetas nació eso que llaman “jazz”, aquí siguen los tranvías de antaño, el fantasma de Ignatius J. Reilly —quizá uno de los personajes literarios más entrañables de toda literatura— y el recuerdo doloroso de un huracán que llevaba nada menos que el mismo nombre de la Muerte, aunque escrito con K para mayor surrealismo.

En Nueva Orleans se han inspirado no pocos de los grandes talentos de la música y literatura del siglo XX y a México le retumba en los oídos el enigmático hecho de que aquí forjó puros Benito Juárez, y luego negoció carretones de armas un tal Francisco I. Madero. Por aquí, por donde el río Misisipi se quiebra en una media luna sobre el mapa, como para permitir precisamente el abordaje de los personajes que imaginaron Mark Twain, William Faulkner y, para tal caso, Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez… pues aquí es donde me tocó vivir una de las noches más tristes del sueño estadunidense porque quiero que conste que, a pesar del falso mensaje dizque reconciliatorio, a pesar de la mayoría inquietante que le exigirá cuentas y a pesar de que Él mismo se ve incrédulo, empezó desde esta madrugada la era del oprobio y la infamia: Estados Unidos de Norteamérica ha elegido en forma espeluznante a un mentiroso magnate de fortunas inciertas, millonario a partir de sus propios desfalcos, bígamo y bully, soberbio y mitómano, altanero y evasor, racista y claramente fascista… pero, sobre todo, han elegido a un imbécil, un analfabeta funcional, un hábil asqueado de toda cultura y engreído navegante de la sosegada mediocridad de quien no necesita pensar para actuar, tal como millones de sus simpatizantes han hecho ya sentir en el desprecio con el que miran a los latinos y a los negros que atienden sus mesas y sus jardines, los constructores de sus torres de baba, las nanas de sus guarderías de lujo y las enfermeras de guardia.

Quisiera concentrarme en mostrar una recrecida gratitud por haber podido vivir en un mundo por donde anduvo Barack Obama, pero por hoy mis párrafos se agotan pronto. Estoy muy triste y me duele volver a olfatear el escenario enredado de la América donde crecí hace medio siglo, cuando aún había segregación racial, no pocas muestras de machismo e intolerancia, saliva de guerra y esa estúpida noción de grandeza que tanto hincha la papada anaranjada del monigote insoportable que para colmo no se ha cansado de insultar a México y a los mexicanos, que llegó a orinarse a las faldas de un presidente imbécil y que saborea ya la posibilidad de que sale más barato invadir Chapultepec y bombardear Iztapalapa (con todo y los neo-Ninis Héroes) que suponer que un muro pueda contener tanto odio y ahuyentar tanto desahucio y desesperación…. Y sí, eso que se oye en las calles de Nueva Orleans, más que jazz es blues.

jorgefe62@gmail.com