Agua de azar

"Noctium phantasmata"

Le deseo al lector un año poblado por nocturnos fantasmas, repleto de sueños, colmado de orgasmos, epifanías y la iluminación que merece cada quien para leer y escribir como quien camina las páginas intactas de un año nuevo.

Amanece el año como quien abre un libro nuevo: las inciertas páginas de todos sus días intactas, la imposible cifra exacta de sus párrafos e invisibles aún los puntos suspensivos, las comas y sus pausas… su punto final. Amanece el Año Nuevo como quien inaugura la lectura de una novela donde apenas han vuelto a plantearse los personajes y sus escenarios posibles, la definición de los protagonistas y los enredos de su trama; apenas empieza a dibujarse la primera escena de ese paisaje y el que lee ya quiere imaginar todas las variables del desenlace, inevitable aunque impredecible, que hemos de leer y redactar hoy mismo exactamente dentro de un año.

Amanece el Año Nuevo, y más que propósitos se filtran en el silencio de soledad los deseos que podrían volverse contagio: que sean 12 meses como volúmenes de una prosa lo más pura posible, más cercana a la poesía y no tan telegráfica; que sean 365 días para intentar a diario la multiplicación de sílabas o silencios que honren lo que pueda insinuarse en 140 caracteres; que sean 52 semanas en las que pueda florecer un diálogo de conversación y ya no las sentencias necias de quien lleva en la saliva la inmadurez emocional donde amarra todos sus temores y sus peores miedos, precisamente porque se abre un Año Nuevo como quien abre un libro que en los lomos lleva el título —aún no definido— de una vida nueva, o al menos renovada.

Que sea todo un año que quepa en un puñado de meses o en el instante en que se prolonga una sobremesa con el pretexto de una mirada. Un momento que se alargue todo un año, donde predominen los rostros por encima de tantas caras, los nombres propios y no tanto sus adjetivos, la melodía que se pega en la garganta y se canta a solas por encima de las músicas pautadas de todos los himnos memorizados por obligación. Deseo que sea el año del instante en que vuelven a la mente los versos entrañables o las caras de nuestros muertos, los paisajes que quizá ya no hemos de visitar jamás, por encima de todas las pantallas que pretenden atosigarnos constantemente con murales de taquicardia o frescos instantáneos de desgracias.

Amanece el año 14 como quien abre un libro nuevo en medio de la madrugada habiendo confirmado varios milagros: los amores de veras son inquebrantables y superan de veras toda supuesta distancia; los amores de veras se hablan en silencio y se llevan en la piel como callado tatuaje de respiración compartida; la multiplicación de los padres en tíos y la clonación de hermanos en primos conforma una ruidosa sinfonía donde no hay una sola nota que desafine el alma. Agrego el raro milagro de reconocer en la mirada de mis hijos la sonrisa intacta de mis abuelos, la voz calcada de mi padre que hoy —precisamente hoy— hace apenas ayer cinco años se transformó en incandescente volumen de la biblioteca infinita que nos espera a todos.

Madrugada donde transpira la vibra de tanta gente buena junta la sincronicidad de las circunstancias, la sincronía de tiempos y vidas, síncopa, ritmo acompasado, armonía de voces… pura agua del azar para amanecer un año que parecía un son a tres voces, seis cuerdas, y aquí no ha pasado nada y no se ha ido nadie. Abro entonces las páginas de De libertades fantasmas o de la literatura como juego (FCE, 2013), de mi entrañable maestro José de la Colina, recién llegado a las librerías por hoy cerradas. Dice el sabio que “cuando Cervantes intuye el Quijote en la cárcel, cuando cualquier prisionero improvisa cantando una canción de amor o de burla, entran en el reino de la libertad, es decir: ejercen las libertades fantasmas” y, con una mínima pausa, añade en punto y aparte: “Quizá no existan otras”.

Quizá tenga toda la razón que acostumbra tener José de la Colina y quizá podría añadir que también son libertades fantasmas las ilusiones que se fincan en la madrugada al filo del amanecer de un año nuevo, las ganas irrefrenables de que cese en su tiranía necia quien solo acude a la agresión en cualesquiera de sus formas y el sincero deseo honesto de que cada quien en cada cual encuentre al menos durante todas las horas posibles de un año entero el sosiego y la serenidad con el que cada quien defina su calma.

Libertades fantasmas que ocupan las páginas con las que inauguro este año leyendo a José de la Colina, hipnotizado con la anécdota de una noche que afortunadamente no se ha perdido en la amnesia: cuenta el autor de una cena en casa de Luis Buñuel con Marie Jo Paz y Octavio (hoy que empieza a cumplir 100 años), donde el inmenso cineasta recitó de postre y de memoria una letanía del Breviario latino: esos versos del himno que empieza con Te lucis ante terminum (antes de que termine la luz del día, este día primero de un año). Buñuel como fantasma, obispo heterodoxo de voz ronca sin púlpito, hipnotizando a Paz y a De la Colina y a sus esposas con esos versos que rezan: “Procul recedant somnia/ Et noctum phantasmata,/ Hostemque nostrum comprime,/ Ne polluantur corpora (Aleja de nosotros los sueños/ y los nocturnos fantasmas;/ líbranos de nuestros enemigos,/ para que no manchen nuestros cuerpos).

El rezo se oraba para alejar de la mente de los frailes y limpios de alma las llamadas poluciones nocturnas. “Freud antes de Freud”, decía Paz de esta suerte de mantra que se repetía en ecolalia para evitar los orgasmos involuntarios de la noche, “la emisión involuntaria del semen durante el sueño”. Imagino a Buñuel recitando versos para librarnos de todo enemigo en esta primera noche del año del centenario de Octavio Paz que amanece en las páginas de un libro de José de la Colina, con el que intenté buscar un buen pretexto para desearle a todo lector de estos párrafos un año poblado por nocturnos fantasmas, repleto de sueños, colmado de orgasmos, epifanías, revelaciones y la íntima iluminación que merece cada quien para leer y escribir cada día de sus vidas como quien camina las páginas intactas de un año nuevo.

jfhdz@yahoo.com