Agua de azar

Hielo seco

"La Emperatriz de Lavapiés" es niebla de palabras y el humo de la trama parece no haber envejecido en estos 15 años que hoy mismo cumple.

La Emperatriz de Lavapiés es un homenaje a Madrid, a todos los madriles que le caben a la Villa y Corte, pero también al Madrid que se lleva en mente, ya como recuerdo insaciable de quien anhela volver todo el tiempo o como deseo pendiente para todo viajero. Es una novela que se escribió como confirmación de que hay días obnubilados, madrugadas trasnochadas y atardeceres velazqueños en los que cualquiera podría confundir la Gran Vía con San Juan de Letrán, el Zócalo de la Ciudad de México con la Plaza Mayor (ambas plazas con sombrererías notables en sus portales), el Paseo de la Castellana con Paseo de la Reforma y el Bosque de Chapultepec con el Parque del Retiro. Agreguemos que es una novela escrita con los horarios volteados, con la enrevesada cronometría de quien no tiene por qué ajustar su reloj en cuanto aterriza en Barajas, y así la ciudad donde uno puede pedir coñac a las siete de la mañana se vuelve el confuso escenario donde las horchatas de chufa parecen de coco y los kebabs árabes giran en la mente como tacos al pastor.

La novela es también un homenaje al Quijote de Cervantes y su necio afán por desfacer entuertos y enmendar errancias en búsqueda perpetua de la mujer de su vida, la que él mismo ha convertido en Emperatriz de Lavapiés por obra y gracia de un chotis compuesto por Agustín Lara en una época en blanco y negro, y de allí que el protagonista, D. Pedro Torres Hinojosa, tenga un lío daltónico que no se cura con dioptrías: hay días en que todo lo ve en technicolor y algunos elementos o personas en perfecto blanco y negro, y luego se le suceden los días en que todo lo ve en blanco y negro, tirando al sepia de su propia nostalgia, y de pronto ve caminar a alguien en perfectos colores. Ese recurso ya sale en las películas y se ha vuelto común en la publicidad de cualquier refresco, pero cuando se escribió la novela debo reconocer que solo una peli había intentado pasar el mensaje con unos peces de colores que navegaban de pronto en la pantalla donde había transcurrido una historia en blanco y negro. Ahora creo que LaEmperatriz de Lavapiés es la crónica feliz y no necesariamente infructuosa de un hombre que solo busca recuperar el beso, el primer y único beso ligado al abrazo, ese abrazo individual que solo es capaz de darnos la mujer que ama de veras y ahora, así pasan los años, leo que la novela es también el largo ensayo donde se trata de exponer que la felicidad es fugaz e instantánea, aunque se queda congelada en un vacío de tiempo.

La Emperatriz de Lavapiés es también novela donde el autor pretendía inventar una tertulia de fantasmas. Como es su costumbre, al no encontrar en librerías una historia que narrase la imposible reunión más allá de la muerte de una docena de autores, escritores, poetas y espectros entrañables, se decidió a escribirlos en blanco y negro y meterlos en cursivas en los diálogos con D. Pedro Torres Hinojosa en su incansable búsqueda de su Carmen, jardín y poema, LaEmperatriz de Lavapiés. Desfilan por las calles de Madrid Max Aub, Pío Baroja, Ramón María del Valle Inclán, Ramón Gómez de la Serna, Juan Ramón Jiménez, Alfonso Reyes y Amado Nervo como alineados en el estante del hostal donde el quijote delirante ha de inventarse un hogar. De sobremesa, en el Gran Café Gijón se leen por una sola vez juntos, intemporales y felices Federico García Lorca, Luis Buñuel, los hermanos Machado y todos los fantasmas que han ayudado a don Pedro en su búsqueda de novela… y sí, parece que al autor se le ocurrió una Medianoche en Lavapiés mucho antes de que la soñara Woody Allen, pero también es cierto que hay mucho de una Rosa púrpura del Cairo en el anhelo a veces incumplido que llevamos todos al querer sacar de la pantalla a la musa que nos habla al oído y camina de veras a nuestro lado, ya para siempre que es hoy.

La Emperatriz de Lavapiés es una novela de amor cursi, guiada por la sentencia de Bioy Casares en La invención deMorel, donde consta que toda cursilería, cuando es humilde, tiene todo el gobierno del corazón, y así se ha ido llenando de claveles la alfombra invisible de la Gran Vía en un cuadro hiperrealista de Antonio López García y ha crecido mi constante nostalgia por volver a Madrid todas las madrugadas, y así se han sumado ya varias ediciones y reimpresiones y tantos lectores a quienes agradezco profundamente haberla salvado de empolvarse en la amnesia.

A mucha honra La Emperatriz de Lavapiés resultó finalista del Primer Premio Internacional de Novela Alfaguara, a la sombra de Margarita, está linda la mar, de Sergio Ramírez, y Caracol Beach, de Eliseo Alberto, quien hoy mismo cumple los primeros tres años de su merecida eternidad; aprendí con ello a digerir el sosiego de que los libros se hacen por leídos y no necesariamente le llegan los premios para garantizarles memoria eterna, y aprendí también que hay historias que se vuelven plurales con leerse al paso de las manos y de los años.

Agradezco a la editorial Alfaguara y Punto de lectura que organicen los 15 años de una novela a la altura de su íntima majestad. Baja una larga escalera con los pasos firmes de quien lleva todo el peso del mundo sobre sus espaldas y no necesita hablar para hipnotizar a los testigos de su belleza. Es Ella, la que no aparece en la novela en acercamientos pues es intemporal y parece siempre etérea; está intacta al paso de los lustros y sonríe porque se sabe leída, que es como saber que alguien la admira con tan solo creer que la ve y alguien la escucha e intenta comprenderla, que es como subrayar que otros solo habían querido condenarla a la vitrina y quizá incluso fingir afecto donde solo han propinado agresión y desprecio. Son 15 años como 15 meses o 15 minutos de conversación en silencio, en el santuario compartido del amor honesto, en medio de tantos fantasmas, con la Gran Vía alfombrada de claveles y ese vapor de trenes antiguos que inunda los andenes cada vez que nos despedimos. Es un ramo de nubes que se filtra en la escenografía sin colores donde parece resucitar a diario un rojo corazón de tinta. Es niebla de palabras y el humo de la trama que parece no haber envejecido en estos 15 años que hoy mismo cumple una novela que ha dado tantas lecturas y tantas alegrías puras que hoy dan ganas de leerla entre hielo seco.

j.f.h.l.1962@gmail.com