Agua de azar

Coronel Caliente

El caso La Volpe es un golazo porque el asunto aún por esclarecerse puede contribuir a que se logre mayor respeto a las voces de miles de mujeres que sufren todos los días las variadas formas de la violencia de género.

Al asumir el mando como director técnico de la Selección Mexicana de Futbol, hace dos mundiales, Ricardo La Volpe declaró en entrevista con MILENIO que los mejores años vividos por su natal Argentina fueron durante las sucesivas dictaduras militares, coludidas con la despectiva oligarquía y con imborrables huellas de represión, desaparición masiva de ciudadanos sin juicio y brutales asesinatos. En su momento, publiqué en esta columna de agua la conveniencia de llamarlo desde entonces coronel Ricardo Antonio La Volpe, por el ánimo marcial y el tinte oprobioso de quien considera felices los años vividos bajo una dictadura.

Entrevistado por este diario, el flamante director del equipo de futbol de México de esos años voló impune y sin diatribas hacia el Mundial de Alemania, y prosiguió con la mediocridad de su biografía profesional con cíclicas resurrecciones, justificaciones y no pocas oportunidades para volver a desfilar por las orillas de los campos como un militar de bigote hierático, cigarrillo tras cigarrillo como neblina del enigmático acento futbolero. Hace ocho años escribí que quien realmente piensa que Argentina estuvo mejor bajo la bota de los generales “no tiene, ni tuvo, amigos o familiares entre los 10 mil desaparecidos que fueron aniquilados por uniformados formados contra su propia nacionalidad en una guerra sin cuartel cuyas heridas y estragos dejaron marcados a miles de argentinos de su generación”.
Sostengo lo dicho.

Más aún: en aquella entrevista que pasó inadvertida al encomendarle al coronel La Volpe las esperanzas futboleras de México, el flamante entrenador —otrora portero— aseguraba que “grandes naciones salieron adelante con dictadores. Pasó en Italia con Benito Mussolini, en España con Franco y en Chile con Pinochet. ¡Claro!, han sido enjuiciados por el abuso de poder que manifestaron durante su gobierno, por los desaparecidos, por el terrorismo, pero los que generalmente han incrementado la economía de los países son los dictadores”. Al parecer, el coronel La Volpe pisoteaba la razón misma por la que sus ancestros habían huido de Italia, los muertos de la Guerra Civil Española y los miles de refugiados que, como él, llegaron a México para florecer una nueva vida. La publicación de mi artículo quizá explique por qué decidí no jugar el Mundial de Alemania en 2006 y ofrecí mis servicios como defensa central del equipo de Guatemala (aunque tampoco me convocaron y ni clasificaron).

Arde ahora en el ambiente el escándalo de la supuesta conducta inapropiada del coronel La Volpe ante la podóloga del equipo Guadalajara que, habiéndolo resucitado del ostracismo que merece, lo tuvo como director técnico durante cuatro partidos de desahucio hasta su cese fulminante por los hechos que ya se han encaminado en tribunales. Aunque el coronel caliente afirma que visitó a la podóloga con el pretexto de haberse enterado de que la señorita administraba masajes con árnica, la víctima afirma lo contrario: se presentó en toalla, lo que le queda de atléticamente desnudo y quería meter, meter gol a fuerza en una curiosa esquizofrenia de otrora portero cuya vocación debería ser la contraria. El golazo que hoy no puede evitar el caliente coronel Ricardo Antonio La Volpe se asemeja a la imbatible chilena que le clavó Hugo Sánchez en el estadio Azteca (hazaña memorable que repitió casi clonada el Pichichi en cuanto el soldado argentino declaró que “el indio no se la volvería a hacer”). Es un golazo aunque el fiscal general del estado de Jalisco ya declaró que se trata de un delito menor y que no lo hará pisar la cárcel, y es precisamente un golazo porque la podóloga Belén Coronado ha hecho sonar su voz con valentía y no dejándose amedrentar ni comprar por varios terceros que fueron enviados para intimidarla e incluso negociar su silencio. Es un golazo porque el asunto aún por esclarecerse puede contribuir a que se logre mayor respeto a las voces de miles de mujeres que sufren todos los días las variadas formas de la violencia de género que las humilla, lastima, hiere y mata.

Es violencia, amén de pura vulgaridad animal, el asqueroso instante cuando cualquier hombre ya decrépito intenta mostrar su excitación bajo la toalla en cualquier club. Queriendo presumir tamaños, en realidad necesitaría lupa para dejar ver su pequeñez, y es violencia cuando el neurótico que pierde pelo en cada borrachera convierte en rutina todas las formas de su misoginia ya en chistes o bromas o en la distribución de responsabilidades de su hogar. Ejerce violencia de macho trasnochado quien se ostenta como proveedor inapelable, como único dictador que sustente la economía familiar sin considerar el valor de quien realmente trabaja, y es violencia de Edipo confundido quien cree que fardando acumulación de viejas o coitos, palmarés de infidelidades y violaciones a todo respeto ostenta con mentiras constantes la falsa etimología de su supuesta integridad. Es patética la asidua recurrencia de quienes creen aventarse un paradón, cuando en realidad caen abatidos por el inevitable vuelo del balón que rompe la red de sus mentiras.

jorgefe62@gmail.com