Agua de azar

'Ángel Reclusorio'

DE HABER TENIDO mejores horizontes, libros, aulas... una clara mayoría de los delincuentes de toda sociedad habría optado por otros caminos para sus vidas, en vez de los inciertos senderos de todo crimen

El Reclusorio Norte alberga a 11 mil reclusos en unas instalaciones con capacidad máxima para 3 mil. Es una cárcel donde una inmensa mayoría duerme como murciélago amarrado a los barrotes o sentados en filas de pretiles de concreto; hay celdas para cuatro internos donde se aglutinan veinte o treinta hombres como de terracota, como si viajaran en un vagón a ninguna parte, cuantimás que se sabe que la mayoría de los delincuentes o presuntos peregrinan este viacrucis en espera de sentencia. Uno recorre el laberinto enrejado entre pequeños jardines más poblados de púas que de espinas de rosas en flor y acepto lo dicho por el propio director del penal: "Aquí hay evidentemente muchas cosas malas... pero también buenas".

Maruan Soto Antaki es autor de dos novelas publicadas en Alfaguara (aunque es capaz de entregar otra mañana mismo) y ensayista minucioso con otro volumen en Taurus. Ha vivido por lo menos en cinco países, transpira o fermenta guiones para cine y colabora en distintos medios de opinión. Viaja en motocicleta, aunque habla con pausas para pensar entre mirada y sonrisa cada frase entre miles de ideas, y así tuvo la ocurrencia de proponer un programa de fomento a la lectura en las principales cárceles de la Ciudad de México. Son 50 ejemplares de 10 libros seleccionados bajo el criterio de ser lecturas absolutamente recomendables para ser leídas por los presos (excluyendo, obviamente, títulos como Método práctico para construcción de túneles o novelas como Motín en el Bounty) y que los autores de los libros seleccionados estuvieran dispuestos a visitar alguno de los centros penitenciarios para un encuentro directo con los lectores enjaulados.

Debo a Mariana H la presentación que, junto a Soto Antaki, hicimos de una novela que hoy podría cambiar su título a Ángel Reclusorio: la historia de un hombre que, habiéndose creído el delirio de encarnarse en Ángel de la Independencia, recorre durante doscientas páginas la Ciudad de México entre una veintena de personajes con apellidos de barrios y colonias que le alzan o tumban sus vuelos con palabras inventadas, pronombres en desuso o lecciones de cantina sobre la honestidad, solidaridad, hipocresía y laF imposibilidad de redención en una ciudad que ha de abatir sus alas hasta quizá verlo encerrado en una cárcel de quién sabe cuántas hectáreas de largo, sobrepoblada como paisaje infernal de Calcuta, entre millones de miradas perdidas donde se esconden ojos asesinos, párpados de secuestrador, caras de rateros diversos... y rostros de acusados sin culpa alguna, inculpados por corrupciones varias, desahuciados por el cemento o el alcohol y llevados en vilo a celdas asardinadas sin mínima o apenas higiene.

Mariana H ha fincado ya una sólida presencia en todos los medios de comunicación por su apasionada vocación por la literatura y la música, en particular: es lectora voraz y la mejor presentadora posible de libros en conversación con el autor, y además es la voz que desde hace años inaugura las madrugadas con música en la radio que traspasa incluso las rejas de todo penar. Además, es bella y le preocupaba que miles de reos la vieran desfilar entre las rejas hacia el auditorio del Reclusorio Norte, cuando en realidad a quien le miraban glúteos y lonjas es a quien esto escribe: un escritor incauto que sentía la necesidad de romper el hielo ante 500 presos que llenaron voluntariamente el auditorio donde se exhibe una muestra notable de pintura y se confirma que, al menos, hay algo de mucho y bueno entre los más o menos 5 mil reos de este presidio inscritos en actividades académicas o artísticas.

Eso es: el recorrido por cualesquiera de los complejos penitenciarios de México apunta instantáneamente a una seria deficiencia no solo en la procuración de la justicia, sino en la preocupación —cada vez más nula—por la educación de nuestra población. De haber tenido mejores horizontes, libros, aulas... una clara mayoría de los delincuentes de toda sociedad habría optado por otros caminos para sus vidas, en vez de los inciertos senderos de todo crimen. Otra cosa son los políticos con doctorado que roban sin mancharse manos, los funcionarios analfabetas que dormitan como diputados, las lideresas —alguna presa— cuya astucia casi iguala su ignorancia... tan ajenos al preso que hoy mismo logra, con las páginas de una novela, por lo menos imaginar —o recordar— un México mucho mejor al que se ve desde las rejas.


jorgefe62@gmail.com