Alteza

Imagino hoy Oviedo y por invertir, Oviedo hoy imagino nublado, con probabilidad de lluvia, como un aquí que soñaba estar allá hoy mismo que ya es ayer para una posteridad que sonaba desde hace tiempo. En un futuro intemporal, hoy es ya la misma mañana de idéntico clima con el que amanece México mientras Oviedo abre las puertas de un teatro para que desfile como merece Antonio Muñoz Molina, príncipe de las letras, socialdemócrata y librepensador, republicano de antaño o de siempre, prosista pensante, cronista andante, sabio ciclista, crítico y observador implacable, callado y entrañable, parlante y admirable, Maestro más que profesor, hortelano de ideas y de palabras concretas, habitante de la más grande manzana y de una villa con corte que parece invento de poetas, fantasma de un páramo que parece paisaje lunar, ensayista de puerta grande, cuentista ocasional, novelista consumado, articulista constante, escriba del instante, testigo del siglo… amigo incondicional y sí, seguramente, el avergonzado hombre de bien y sencillamente escritor que se ruboriza por la euforia que no logro mitigar en este párrafo que se escancia como espuma entre las manos.

Hoy, desde ayer, aplaudo a Antonio y a cada uno de sus párrafos, páginas entrañables, lecturas que contagia, pinturas que observa con determinadas dioptrías y señalizaciones para que uno aprenda a desvelar detalles que se escapan a simple vista, y aplaudo los contagios de tanta música en jazz y sutiles cantes flamencos, suites para cello y un perdido violín con los que también ha deletreado la biografía de una amistad ya de larga distancia y duración.

Antonio Muñoz Molina, premio Príncipe de Asturias de las Letras 2013, es escritor con toda la barba, ya canosa, y sin embargo podría afirmar él mismo que así como puede dedicarle tantas horas y tanto apasionado instante a todas las letras y cuanta cultura se desprende de ellas, es un hombre cuyo afán principal se mece en sus afectos, la atenta preocupación y sincero interés… digamos amor, por sus hijos y su mujer, sus padres y biografías de querencia, el paso y peso de los tiempos sobre una sobremesa, la importancia de una conversación en paseo sin prisas, el valor de una sola imagen y el sentido que cobran las palabras cuando sus sílabas se empapan de sinceridad o revelan el engaño de una confusión. Antonio, el de la voz en sosiego y la mirada lenta que recorre cada página de la realidad como quien pasa la yema del dedo índice sobre la primera línea de un párrafo con el que se inaugura cada día.

Imagino que Alteza no es título privativo del Príncipe, y que se me perdonará si por hoy intento la etimología donde Alteza defina altura de la grandeza de una literatura, más que a la admirable estatura de D. Felipe. Alteza, entonces, sinónimo del momento en que el conjunto de libros de un autor ya grande pasa de ser solo su Obra para convertirse en una Literatura, distinguible por el aroma minucioso con el que otea la realidad que rodea a su prosa, el valor para denunciar los abusos de los engreídos que creen siempre llevar la razón, y de los políticos corruptos, los imbéciles infaltables que resuenan con maullidos necios o rebuznan en constante lontananza las tentaciones de sus respectivas falacias. Alteza el instante en que un autor vierte en el espejo de los lectores la chispa lúcida de su imaginación refinada, no de inventos o artificios efímeros al vuelo, sino ficción que se talla sílaba a sílaba en abono de los enredos de la trama y apuntalando las biografías palpables de personajes que parecen de carne y hueso. Alteza el párrafo que se camina a la luz de la reflexión, con la humidad que no se proclama a voz en cuello para no convertirla en soberbia y alteza de quien es capaz de desvivir una tarde entera al timón de su teclado para pergeñar una página que quizá sale volando sin reconocimiento ni agradecimiento alguno. Alteza de quien merece hoy aplauso y encomio, admiración y una salida en hombros.

Imagino que no pocos fantasmas de escritores admirables y entrañables convocan hoy a sidra con gaitas entre nubes de lluvia, ya en Asturias o en México: allá Max Aub con los ojos entrecerrados tomando la lista de la Irreal Academia, donde ocupan más sillones que letras del alfabeto los autores muertos, poetas asesinados, editores infalibles y tipógrafos anónimos, tanta gente buena y de libros que no sobrevivieron a la guerra necia que partiera el alma de España, y acá, Manuel Chaves Nogales, pionero de un periodismo que se celebra más en otros idiomas, lúcido antecesor de los escritores que vierten literatura incluso en papel periódico, a riesgo de que se vuelva hoja amarilla de un otoño idéntico en ambos lados del Atlántico y ambas orillas de vivos y muertos, autores leídos o inéditos, consagrados o desconocidos que hoy celebran el merecido reconocimiento que se le hace a un Escritor que siempre intenta contagiar a sus lectores precisamente de Literatura, sea en los libros que recomienda, en los autores a quienes ofrece refugio en conciencia ajena o músicas que contagia casi tarareando la melodía (aunque en realidad lo que hace es copiar el link del video para que no se nos escape el concierto). Eso es Alteza.

Imagino que las palabras del discurso han sido transpiradas con la conciencia a flor de piel, tal como cuando Muñoz Molina versa pros y contras de una ley que destila injusticia, e imagino que el discurso será en el fondo no más que el honesto deseo de esperanza que puede fincar en cualesquier futuro que ya es hoy un padre feliz de sus hijos, que es al mismo tiempo un hombre de mediana edad que no olvida un centímetro mínimo de la memoria que recubre su propia infancia. Imagino que las palabras de un escritor de Alteza probada contribuyen a la consciente responsabilidad que asume S. A. Felipe de Asturias, y que son más que palabras, mapa silábico con el que Alguien con Alteza ubica en el mapa a España, y de allí el habla que nos une en el mundo. Imagino porque consta que hoy es fiesta para libros, lectores y libreros que le seguimos la sombra a D. Antonio Muñoz Molina con fidelidad semanal, y en algunos casos un afecto inquebrantable desde que se confirma que en la vida, de vez en cuando, hay amistades infalibles desde el primer instante, pero imagino que Oviedo se vuelve a volcar a las calles, con o sin lluvia, para celebrar con o sin sidra, los orgullosos Premios que llevan el nombre de su país particular y España, esa nación de naciones, puede por hoy dormir leyendo, que hay letras grandes para rato.