Derecho de réplica

De las editoriales cartoneras en Pachuca. Réplica para fulanito.

Diría estimado Martín Rangel, pero no es así, por lo que me limitaré a llamarte fulanito, cuando leí tu columna no pude evitar reírme por la ingenuidad con la que argumentas muchos de tus puntos de vista, por lo que intentaré puntualizar lo más posible.

Primero te invito a que antes de hablar del “invento de libro cartonero”, te informes sobre cómo surgió el movimiento cartonero en Latinoamérica, y su gran impacto en México. Cuando lo hagas, te enterarás que como muchos otros movimientos culturales, éste también es producto de las crisis neoliberales del nuevo siglo en nuestros países, dependientes del primer mundo.

Agrego, en esencia, el uso de la basura no busca un fin vanguardista, es una representación de la ausencia de materia prima, y se sustituye por basura porque esta manifestación cultural proviene de las clases pauperizadas por el capitalismo salvaje (del que parecieran estar ajenos muchos poetas que ganan becas), por lo que no sé de dónde provenga tu creencia que un libro cartonero pretenda ser “una posibilidad milagrosa” de crear un objeto de alta cultura.

Pero aterricemos en Pachuca, sin afán de ser ranchero -y no digo centralista como tú, porque hablar de centralismo es hablar del Distrito Federal, Guadalajara o Monterrey-, te cuento un poco de historia local, en 2010 se fundó Nuestro Grito Cartonero en la colonia San Cayetano (¿te suena ese barrio?, los domingos hay un buen tianguis, donde uno de los editores cartoneros vende fruta), en un cuarto de azotea prestado y con lo necesario para hacer libros.

Ya entrados en confianza, fulanito, he de confesar que los primeros libros eran una perfecta encarnación de lo malhecho, pero es un buen inicio cuando se parte de la necesidad de expresar, más que del conocimiento técnico de la edición (formábamos nuestros libros en Word). No ahora que seguimos aprendiendo y profesionalizando nuestro trabajo editorial.

Durante los cinco años, las editoriales cartoneras en Pachuca (que al parecer te da miedo nombrar y sólo anuncias una que, según fulanito, redime) han publicado autores de importancia en la literatura contemporánea, por ejemplo Nicolás Sosa Baccarelli (Argentina), Rodrigo Solís (Ciudad de México), Haydn Hernández (Cd. Juárez), Sergio Fong (Guadalajara); y autores locales, como Carlitos de la Calle, TronicTulopic, Cristina de la Concha, entre otros. Al parecer, tú nada más has ojeado los catálogos, pero no te has detenido a leer el contenido de los libros, cosa extraña en un lector asiduo.

Curioso es, también, que en tus observaciones siempre compares el trabajo de las editoriales cartoneras con otras editoriales que “no son” cartoneras, no te suena que intentas comparar un albatros con un pelícano; sin embargo, hago la acotación para invitarte a alguno de los talleres de editoriales cartoneras y conozcas el proceso del libro y tengas más argumentos para tus críticas.

Respecto a tu preocupación por cómo debe editar sus libros el escritor pachuqueño, yo aconsejo que no le den tantas vueltas al asunto y lo publiquen como puedan, pues olvidas, fulanito, que en este país (que dices tú que no es de lectores y yo afirmo lo contrario) el libro es un objeto de lujo que sólo pueden pagar pocos.

Tu libro Rojo, fue financiado por una institución, así que no te fue difícil decidir qué opción tomar. Pero no todos ganan becas ni tienen la solvencia (en una economía ya muy golpeada) para financiar una edición que das por llamar “decente”.

En algo coincido contigo, las editoriales independientes no son lo mismo que las grandes trasnacionales, pero no es por la “experiencia más gozosa en todos los sentidos”, que mencionas; la diferencia radica en los capitales que fluyen en uno y otro circuito editorial. También en las transnacionales puedes encontrar el orgasmo literario que buscas, basta con que observes a Almadía o Sexto Piso.

Para terminar y recordarte la invitación, cuando gustes puedes acudir a cualquier taller cartonero y mal pintar dos cartones chuecos, nomás que no usamos pritt, total, lo hace cualquiera.

*Escritor y editor de Catarsis Cartonera y Ediciones el viaje.