AMARRES

¿Cuál oposición?

Hay algo desconcertante en esta campaña electoral, detectado y denunciado por varios colegas, ante todo por Germán Martínez en Reforma. Los dos principales partidos de oposición —Morena también— se han abstenido de atacar directamente al líder del partido de gobierno: EPN. Con excepción de la gira presidencial a Londres, ni PRD ni PAN han vilipendiado los incontables escándalos de corrupción y abuso atribuidos al gobierno por la prensa... de oposición.

Ni casas ni lapsus, ni contratos ni amigos, ni censura o cerrazón aparecen sistemáticamente en spots, discursos o entrevistas de los candidatos. Con algunas excepciones como los golpes a Claudia Pavlovich en Sonora o a Jaime Rodríguez El Bronco en Nuevo León, y en menor medida a Ricardo Monreal en la delegación Cuauhtémoc, la campaña se ha caracterizado por su timidez y ausencia de las guerras sucias que adornan todas las campañas del mundo.

Pareciera imperar un acuerdo siciliano, por no decir mafioso, de omertá: un pacto de no pegarse, no investigar, no exigir respuestas específicas a acusaciones específicas. Hoy vivimos una contienda electoral sin contendientes, y una batalla democrática por el poder entre un gobierno puro y duro... y una oposición inexistente. Digamos: la pelea entre Pacquaio y Mayweather —aburrida, sin golpes, por puntos y sin sangre.

Abundan explicaciones: la tonta es que las campañas negativas no reditúan electoralmente; por desgracia, en todos los países democráticos, sí funcionan. La inteligente sería, según la especulación preliminar de Aguilar Camín, que el sistema político actual no aguantaría la tensión de un pleito de callejón entre todos. EPN hubiera tenido que renunciar —digo yo, no Aguilar— hace meses. Nuestro arreglo institucional no toleraría tal nivel de enfrentamiento: ni las reglas, ni los usos y costumbres, ni la idiosincracia mexicana acepta confrontaciones de esa intensidad.

Lo seguro es que la política aborrece el vacío. Si los partidos externos al régimen —otra cosa sería un gobieno de coalición— se niegan a cumplir su papel, otros lo harán. En México, hoy, ciertos medios se perfilan como la única oposición real. Si Madero, Calderón, Jesús Ortega, AMLO en esta materia, Ebrard y compañía, no hacen su chamba, la harán otros. Gracias a las redes, a la globalización, a la polarización de la sociedad, Aristegui, Jorge Ramos, Proceso, Reforma en sus denuncias estridentes en ocasiones acertadas, ocuparán la silla vacía. No sé si al país, al sistema político y al gobierno les convenga.