AMARRES

Del Pérsico, nada para México

Dos semanas impartiendo un seminario en Abu Dabi sobre mercados y potencias emergentes propician charlas de interés y pertinencia para México.

Circulan tres teorías acerca del desplome del precio del petróleo. La primera y más probable: el reino saudí, al comprobar la tendencia a la baja generada por la sobreoferta provocada por EU, Irak y Canadá, y la demanda decreciente por el enfriamiento de las economías europea, china y japonesa, decidió alentar una caída mayor al no recortar su producción —ni la de los demás miembros de la OPEP—. Busca desplazar a los productores gringos de lutitas o shale oil, ya que su piso de rentabilidad es de unos 40 dólares el barril, mientras el aceite del desierto tiene un costo de producción de poco más de cinco. En esta óptica, la baja persistirá hasta que se diluya la nueva oferta estadunidense y se recuperen las economías aletargadas.

La segunda es que los saudíes no se imaginaron un derrumbe tan vertiginoso (casi 60 por ciento en seis meses) y se pasmaron. Al sugerir esta interpretación los medios internacionales, fue su tabla de salvación. A los productores de la península arábiga les preocupa mucho la caída, a pesar de sus bajos costos. Les aterran los múltiples compromisos y la enorme dependencia de sus erarios del petróleo. Desde el Louvre, el Guggenheim y la Universidad de Nueva York (donde trabajo) en Abu Dabi hasta el financiamiento masivo de Arabia Saudita a Egipto a Tunes, pasando por la presencia multitudinaria de trabajadores huéspedes no fácilmente expulsables.

Última y la más conspirativa: Riad, EU, Qatar y Kuwait buscan hundir a Irán y a los demás productores incómodos con el desplome de los precios, pues temen un recambio de alianzas regionales de Washington. De surgir un acuerdo entre Obama y Teherán sobre el programa nuclear iraní, de restablecerse las relaciones rotas en 1979, de resignarse a ello Israel (poco probable), Irán constituye un aliado potencial mucho más sólido, moderno y sofisticado que la realeza saudí.

Cualquiera de estas teorías puede ser falsa, o la verdad es una combinación de las tres.

Para México: pasará un buen rato para que los precios remonten. Se desvanece la esperanza de que los fondos soberanos de esta región inviertan en México.