AMARRES

Ante Maduro, el tiempo de México se agota

Hasta ahora la crisis venezolana solo surtía efecto dentro del propio país. Salvo uno que otro exabrupto de Chávez, una que otra expropiación de empresas extranjeras, y una que otra injerencia en las campañas electorales de naciones vecinas, los estragos de 15 años de despilfarro, corrupción, deriva autoritaria y violaciones a los derechos humanos únicamente habían dañado a Venezuela. Ya no.

La decisión de Obama de atribuirle a ese país la denominación formal de “amenaza para la seguridad” de EU escala el enfrentamiento entre el gobierno de Maduro y “el imperio”. Los motivos son misterio, pero parte de la explicación tal vez resida en la pasividad latinoamericana frente a los encarcelamientos de líderes opositores, la represión
de manifestantes y el derrumbe de la economía venezolana. Obama quizás busca obligar a tomar definiciones en Brasil, México y Colombia, que sin ser parte de la coalición chavista, han mantenido un desconcertante silencio. Sobre todo, la maniobra norteamericana puede meter una cuña entre Caracas y La Habana, justo cuando al régimen cubano le importa acelerar las negociaciones con Washington.

Maduro ha solicitado una reunión del Consejo Permanente de la OEA el 18 de abril —día en que será electo el secretario general— para vituperar contra la decisión de Obama y obtener respaldo latinoamericano. Se prepara para transformar la Cumbre de las Américas —a la que normalmente acuden EU, Canadá y todos los países de la región, salvo Cuba— en un aquelarre retórico contra el “intervencionismo yanqui”. El problema es que asistirán a Panamá Obama y Raúl Castro; se darán la mano; se sentaran en la misma mesa y tal vez celebren una reunión bilateral si logran destrabar las negociaciones sobre la apertura de embajadas en cada capital.

¿Que harán los presidentes de Brasil, México, Chile, quienes han aplaudido la distensión entre Cuba y EU? ¿Se unirán al estridente coro de Maduro, Ortega, Morales, Correa, Kirchner, o repetirán el exhorto del rey Juan Carlos a Chávez: “¿Por qué no te callas?”. ¿Tratarán de desactivar la trampa tendida por Maduro a Obama o se resignarán a la ausencia del estadunidense si la celada se confirma? Es seguro un vaticinio: no podrán hacerse de la vista gorda. Gracias a Obama, a la desesperación cubana y al descalabro económico venezolano, el tiempo de la indiferencia se agotó.