AMARRES

Descenso de la violencia, acierto de Peña

En Nexos de febrero, Eduardo Guerrero explica cómo ha disminuido la violencia en México y los retos para 2015. Muestra, con los datos a diciembre, las ejecuciones y los homicidios dolosos por 100 mil habitantes, que en números absolutos descendieron en 2014 muy por debajo de 2011, aunque todavía el doble de 2007. Hay una reducción en extorsiones, secuestros y delitos sexuales y es una tendencia descendente desde hace cuatro años. Felicitémonos y reconozcamos que algo proviene del sexenio anterior y, sobre todo, de lo hecho en 2013 y 2014 bajo Peña Nieto.

Aunque Guerrero da explicaciones y más profundas que las de alguien sin pericia como yo, agrego dos hipótesis que tal vez tengan valor explicativo. Las sustento conceptualmente y con impresiones recogidas en mis recorridos por el país presentando Amarres perros. Una autobiografía:

Se ha aflojado la presión del gobierno federal, de las fuerzas armadas sobre el narco en este sexenio. Algunos podrían leer esta afirmación como una crítica; la hago como un aplauso. No hubo peor estupidez que la de Calderón al hacer su guerra contra el narco; cualquier esfuerzo por dar marcha atrás es digno de ser alabado. La disminución de esa presión tiene que ver con menores ejecuciones extrajudiciales, menor incidencia de las fuerzas estatales en las pugnas entre cárteles y, por tanto, menores pleitos entre ellos por rutas, plazas, etcétera. Y esto incide en menor necesidad por parte de los cárteles de reclutar sicarios, comprar armas y corromper autoridades. Enhorabuena.

Pero conviene también ver hechos que pueden corroborar esta afirmación abstracta. En las ciudades de Chihuahua, Ciudad Juárez y Durango pregunté si se habían mantenido o habían sido desmontados los retenes militares de esas tres ciudades, cruciales en el tránsito hacia EU. La respuesta fue que ya no hay retenes del Ejército. Persisten los seguimientos móviles de la PF en las carreteras; algunos retenes de las policías estatales, y el Ejército mantiene uno a más de 50 kilómetros de Juárez. Los puntos de fricción más sangrientos y proclives a los abusos militares han desaparecido. No hay razón para pensar que no sea así en el resto del país, salvo en Michoacán, Guerrero y Tamaulipas. De ser el caso, EPN habría tomado la decisión correcta. Una decisión acertada.