AMARRES

Choque de trenes… chinos

Nadie duda ya que fue un error adjudicar el contrato del tren rápido México-Querétaro a una empresa china mediante una licitación cuestionada. Tampoco parece controvertida la decisión de cancelar el contrato y reponer la licitación: en vista de los subsiguientes escándalos, no había de otra. Es probable también que si se les reembolsan los gastos incurridos y las penalidades estipuladas, los chinos volverán a participar, y tal vez a ganar. Lo que no sabemos es la razón de estos costosos yerros gubernamentales; el régimen no comparte sus secretos. Detrás de estos errores, sin embargo, creo que existe —y subsiste— una concepción equivocada del gobierno de Enrique Peña Nieto sobre el potencial de la relación con China.

Desde el inicio del sexenio, funcionarios del gobierno han sostenido —con razón— que sin un considerable incremento de la inversión extranjera directa, el país no crecerá más de 2 y 2.5 por ciento anual. Para lograr dicho aumento, impulsaron reformas, trataron de modificar la imagen externa de México y buscaron nuevas fuentes posibles de inversión. La principal fue China.

Pensaron que un sistemático acercamiento con Pekín transformaría una relación bilateral modesta, basada en compras mexicanas al gigante asiático —nuestras ventas son minúsculas— en un entendimiento decisivo para el país. El pilar fundamental de ese entendimiento residiría en la inversión china en México, la cual se orientaría a las manufacturas y la infraestructura.

Los elevados costos de transporte marítimo haría rentable la ubicación de fábricas chinas en México, junto a su mercado natural; el déficit de infraestructura nacional requeriría de fuertes inversiones y China podría realizarlas. Sin ser ningún experto en la materia, nunca me convenció la tesis. Jamás entendí por qué el capitalismo de Estado chino desplazaría miles de millones de dólares y cientos de miles de empleos de su país al nuestro para vender refrigeradores o computadoras a Estados Unidos. Le aposté a mi querido amigo Sergio Ley que para finales del sexenio la inversión china en México difícilmente superaría los 300 millones de dólares que ha sumado en el último decenio, según cifras publicadas por el diario Reforma.

Quedaba la infraestructura, empezando por los trenes, rápidos o no tanto. Aunque crean solo empleos temporales —no demasiados, ya que muchos los ocupan obreros o técnicos chinos—, algo es algo. Sobre todo que, al igual que en África, con China no hay que preocuparse en exceso de temas de corrupción, de medio ambiente o de derechos laborales.

¡Qué mejor manera de festejar la tan anhelada visita de Peña Nieto a China  que asignando el tren a Querétaro a una empresa de aquel país, en la víspera del viaje y del anuncio del nexo estratégico! ¡Qué mejor prueba del estilo chino de hacer negocios que asociar empresas mexicanas caras al régimen mexicano a la obra! ¡Qué fiasco tan sonado, producto de una visión tan previsiblemente simplista!