AMARRES

Candidaturas independientes: un referéndum

Existen dos maneras de ver las candidaturas sin partido, en particular las que tienen posibilidades de triunfo: Jaime Rodríguez, El Bronco, en Nuevo León, y Alfonso Martínez en Morelia. Una, conservadora pero comprensible, consiste en evaluar cada una, a partir de sus méritos, con el mismo rasero con el que se mide a cualquier aspirante.

Se escudriña personalidad, orígenes, trayectoria y propuesta del candidato (o candidata: Lorenia Canavati en San Pedro Garza García), se comparan con las características de sus rivales, y los votantes, comentócratas o la clase política definen su postura a partir de esos criterios. Es lo que han hecho varios colegas y Felipe Calderón a propósito de El Bronco. Por ex priista (posiblemente manipulado por el PRI), por “ardido” bronco, por carente de programa o por populista, varios observadores o participantes en la contienda lo han criticado. Lo mismo sucede con Martínez, en menor escala, en su caso por ex panista (posiblemente manipulado por el PAN), por joven o por “ardido”. Se trata de candidatos comunes y deben ser juzgados y tratados en consecuencia.

La otra perspectiva coloca el acento en la naturaleza “no-partidista” de dichas candidaturas. Lo importante reside en constituir una nueva estirpe de postulantes a cargos de elección. Deben ser analizadas con otra vara: como un cauce inédito en México para el hartazgo de la sociedad con los partidos, con la clase política, con el status quo. Importa menos que los abanderados independientes provengan, en algunos casos, de esos mismos partidos, de esa misma clase política, de ese mismo status quo. Su trascendencia yace en las posibilidades de triunfo: Rodríguez aventaja a la candidata del PRI por 2 puntos en NL, y el fenómeno del voto útil de los panistas opera en su favor, de acuerdo con la última encuesta de El Norte; Martínez supera al candidato del PRI por 5% según los datos de INDES, una encuestadora local, y por 11 y 12 puntos a los del PAN y PRD.

La postura calderonista, por así llamarla, debe imponerse a la larga, ya que una vez consolidada la figura de las candidaturas independientes no merecerán trato distinto. Pero en esta elección, por lo menos, y creo también en 2016, 2017 y 2018, les corresponde una consideración diferente. Estos comicios pueden verse como un referéndum sobre la idea de aspirantes sin partido: hay que votar por la idea, gusten o no los candidatos (a mí me gustan), en Morelia y NL, y en los demás casos emblemáticos (DF, Sinaloa, Q. Roo, etcétera).