TODOTERRENO

Éxodo de la capital

Cuando fue erigida Brasilia, la actual capital de Brasil, (antes Río de Janeiro)  obedeció a trasladar los poderes de la nación fuera de las costas para protegerla de posibles ataques bélicos, pues estaba  reciente la II guerra mundial, pero también para colonizar e impulsar la economía del  centro del país, casi inhóspito en aquel tiempo, ya que la mayoría de las grandes ciudades brasileñas están en las costas.  

Lo que se reconoce y admira  a los brasileños, es que  el experimento les funcionó, y hoy cuentan con una gran capital, cuya edificación empezó en 1956 y fue inaugurada  el 21 de abril de 1960, solo cuatro años después de su inicio, hoy a 57 años de fundada es toda una realidad, con excelentes medios de comunicación, donde ya no hay distancias. Brasilia fue declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO en 1987.  

A la capital mexicana, le urge cambiar la sede de los poderes de la nación, (Ejecutivo, -incluyendo a la mayoría de las Secretarias de Estado- legislativo y Judicial) y de paso invitar a grandes corporativos a la mudanza, pues donde están erigidos actualmente es un riesgo latente e inminente, por los  sismos, terremotos o por las constantes y temerarias emanaciones cada vez más frecuentes del volcán  Popocatépetl. Ya son muchos los avisos que nos ha dado la naturaleza en la capital del país, además con el traslado de la capital,  se activaría la industria de la construcción que es la locomotora de la economía nacional.

Todavía están latentes los sismos, de 1957 conocido como el terremoto del Ángel de 7.7 grados Richter (28 de julio de 1957  2.43 Am), y en 1985 a las 7.19 am,  la magnitud del terremoto fue de 8.1 en la escala de Richter, duró poco más de dos minutos, superando en intensidad al de 1957,  y el más reciente el 19 de septiembre de 2017, a las 13.14 hrs,  exactamente 32 años después, también fue devastador.

En México existen grandes regiones con clima benigno, con suficiente agua y sin  riesgo de sismos, terremotos o actividad volcánica, aunado a que se estaría más cerca de otros Estados y ciudades  que en la actualidad están muy alejados de la capital.

Al  mudar la capital se obtendrían  infinidad de beneficios, partiendo de que se urbanizaría y construiría de cero, con tecnología de punta,  y no sobre ruinas arqueológicas o edificios coloniales, habilitados como dependencias federales, (donde el subsuelo también es historia), pero principalmente por la seguridad de los millones de capitalinos que viven en la incertidumbre. En el terremoto del  57,  la capital contaba con casi cinco millones de habitantes, hoy su zona conurbada se estima en más de 27 millones. Un éxodo planeado evitaría una estampida de pánico. 


jorge.alonsoguerram@gmail.com