#ANDOMORELEANDO

¿Dónde estaban los viejos?

Muchas veces terminábamos las pláticas con amigos y familiares hablando de todo lo que nos indignaba, empezábamos a sentirnos incómodos en muchos sentidos. En la laguna las malas noticias llegaron por montones y las historias de terror se apoderaron de la sobremesa. Tuve el honor de conocer a Francisco Valdés Perezgasga y fui invitado por el a formar un grupo que promoviera el uso de la bicicleta como una alternativa de trasporte. Ahí también encontré a Eduardo Rentería y empecé a ser contagiado por sus ideas progresistas y su incansable ímpetu para decir y hacer lo que se piensa. En este devenir he podido relacionarme con personas entregadas a diversas causas que tienen como esencia construir una mejor ciudad, cuidar el planeta y hacer de la laguna un mejor lugar para vivir.
Después entendí que esto era mi primer contacto con la participación ciudadana y el activismo social y político. Entusiasmados compartimos ideas y libros; empecé a tener amigos de la edad de mi padre y descubrí un mundo que nunca imagine que existiera. Me deje llevar, junto con mis nuevos amigos, por esta gran ola de agua dulce que nos ha llevado a lugares maravillosos. Empecé a formar parte de varias organizaciones ciudadanas que pusieron a prueba mi tolerancia y también a generar ideas que muchas veces me han puesto contra la pared. De manera natural pasamos de la teoría a la práctica.
De forma magnética fuimos colaborando en muchas acciones y mis amigos (los nuevos y los viejos) formamos sin darnos cuenta una red que se mueve y colabora de manera orgánica. Empezamos a incomodar a quienes toman las decisiones, nos hicimos visibles, gritamos para ser escuchados y tomamos un papel activo en la ciudad. Nuestras opiniones empezaron a interesarle a mucha gente y sin pensarlo, fuimos seguidos cada vez por más personas. Este proceso de aprendizaje también nos ha llevado a conocer de frente la apatía de muchos, el pesimismo de algunos y el escepticismo de otros.
En esta nueva colectividad, donde la edad es sólo un dato y las ideas son las que nos unen, las ganas de hacer algo siempre nos han ganado. Encontramos divertido el quehacer ciudadano y volvemos a ser niños cuando compartimos alguna nueva idea, la sonrisa nos gana y aquí vamos de nuevo. Somos un síntoma de la realidad a la que rendimos cuentas y  nunca debemos olvidar a quienes permitieron que las cosas llegaran a este punto. Esas generaciones que vieron pasar sus días hundidos en la apatía son, en grandísima medida, quienes dejaron este tiradero. Esos que ahora nos exigen nuevas acciones a nosotros y no a los gobernantes, esos que cuestionan la legitimidad de nuestros movimientos, esos que están a la espera de nuestro siguiente paso, esos cobardes que estaban escondidos y que ahora, cuando hemos abierto brecha, asoman la cabeza. Todos esos viejos jugando a parecer indignados ¿dónde estaban hace 20 años?


@moreleandoTRC / @jorgeruvao