#ANDOMORELEANDO

El último grito de la moda

«La moda -dice Georg Simmel- nunca se limita a ser. Existe en un permanente estado de devenir». Como dice Bauman, coincide con el concepto de perpetuum mobile, por lo que la eventualidad de existir en un constante estado de fluidez no es impensable en este caso. La moda como fenómeno social ha acompañado a la humanidad a lo largo de su historia y ha tomado el papel de reguladora del cambio constante. Esa extraña fuerza que nos pone contra la pared y nos empuja a perseguir la individualidad pero al mismo tiempo negarnos a la uniformidad buscando siempre mantener alerta el sentido de pertenencia.
Como parte de esta despiadada modernidad de la somos víctimas no podemos ser indiferentes al bombardeo de información y a no ser arrastrados por sus arrebatadas aguas.
Afortunadamente en algún punto podremos tener la oportunidad de procesar la información y así elegir el camino que mejor nos parezca. Podremos decidir también si seguimos la moda o nos negamos a ella, si seguimos el camino trazado o dibujamos uno propio. Como seres sociales nos relacionamos y buscamos pertenecer, vemos lo que hacen los demás y en muchos casos imitamos actividades o comportamientos, compartimos gustos y preferencias, nos asumimos, casi siempre de forma inconsciente, como parte de la comunidad.
La moda -escribe Zygmunt Bauman- multiplica e intensifica justamente las divisiones, diferencias, desigualdades, discriminaciones y desventajas que promete disipar y en última instancia eliminar por completo, pero por otro lado (y esto lo digo yo) puede volverse  un agente de cambio y constructor de valor. Si por ejemplo el utilizar la bicicleta como alternativa de transporte empieza a convertirse en moda, los beneficios que esto lleva consigo serán, por mencionar sólo algunos, una ciudad con calles más seguras para peatones y ciclistas, automovilistas más sensibles, una sociedad con menores índices de obesidad, etc. Vivir en el centro de la ciudad podrá convertirse en un estilo de vida novedosos y de avanzada, generando proximidad urbana y con ella otra gran cascada de situaciones positivas como la creación de nuevas redes de convivencia así como el intercambio de ideas de forma directa y personal. Consumir productos de manufactura local y artesanales, al convertirse en lo que muchos quieren, abonara en una economía local sana y de retorno rápido. Si salir a las calles a caminar o visitar los espacios públicos se convierte en una  actividad copiada de cualquier metrópoli del mundo, nuestra ciudad será más segura. Seguir las modas no siempre será pues una actividad frívola y desalmada, puede ser también el eje rector que nos indique el camino hacia un mejor lugar para vivir ¿por cuánto tiempo? Es imposible saberlo, lo que toca es imitar las modas que funcionan en otros lugares en aras de una ciudad más parecida a la de nuestros sueños, aunque lo hagamos por pose.


@moreleandoTRC/@moreleandotrc/@jorgeruvao