#ANDOMORELEANDO

Sin título

Sentado frente a la computadora busco en cada rincón de mi mente la idea que se desdobla, casi siempre de manera natural en este espacio de reflexión. Apelando a «la vagancia de la mente», esa de la que Fadanelli dice, nunca se regresa siendo el mismo; busco, a veces, perderme para encontrar una palabra y otras dejo que flote en el mar de las ideas el tema que me interesa deshilachar. Normalmente selecciono los libros de los que citaré algún fragmento o solo ojearé para refrescar la memoria. Esta vez nada de eso ocurre y prefiero compartir lo que viene a mi mente y sin todavía digerir el torrente de información al que he [hemos] sido [somos] expuesto(s). Cuando fuimos invitados a colaborar con este espacio editorial, decidimos, en conjunto con Marcela Moreno, dedicar estas letras a los temas que a lo largo de estos dos años hemos puesto sobre la mesa y acaso influido en que existan en la agenda del gobierno (al menos eso buscamos). Tópicos como espacio público, participación ciudadana, transparencia, transporte público, peatón, banquetas, la calle y bicicletas aparecen en nuestra colaboración semanal. Desde esta trinchera, como columnistas aprendices, mis amigos y yo buscamos incidir y llevar a la reflexión, basados en nuestros principios y compartiendo nuestra forma de ver la vida. ¿Será nuestra causa poca cosa si la comparamos con los cuarenta y tres normalistas cruelmente asesinados? ¿Valdrá la pena seguir exigiendo banquetas dignas mientras recordamos a nuestros 300  «desaparecidos» de Allende? ¿Tendrá caso seguir exigiendo transparencia en el manejo de los recursos del «Paseo Morelos» mientras más de mil novecientos coahuilenses siguen sin aparecer? ¿Servirá de algo llenar la calle de arte, cultural y gente una vez al mes mientras nos enteramos de que la primera dama de nuestro país nos quiere tomar el pelo a todos, diciendo que gracias a su trabajo pudo comprar una casa de siete millones de dólares? ¿Será justo que nos preocupe que no exista transporte público digno cuando nos enteramos de que un grupo de empleados que contratamos para que vieran por nuestros intereses deciden que la deuda de Coahuila se incremente en treinta y nueve mil millones de pesos? Yo pienso que sí, las banquetas son importantes mensajeras de igualdad y dignidad. Ahí se dan los encuentros, se camina y se piensa. Exigir transparencia en el manejo de nuestros recursos («Paseo Morelos») es importantísimo para no permitir que se repita la tragedia de la «Plaza Mayor», ejemplo de opacidad, ineptitud y corrupción. También creemos que es clave a la hora de ir en busca de una sociedad cercana y participativa, el salir a la calle. Nosotros lo hacemos en la Morelos una vez al mes, pero nos encantaría ver como en otras calles de la ciudad se replica lo que proponemos nosotros, llevando al arte y la cultura como elementos de cohesión social. Pensamos que es urgente tener ya un sistema de transporte público que además de su condición utilitaria, mande el mensaje de que lo público (nosotros, la gente) está por encima de lo privado (el coche y los privilegios). Todas son piezas de la misma maquinaria, una maquinaria cuyo aceite es la corrupción y la apatía. El país sigue sangrando mientras nos guiamos por la lógica del «así ha sido siempre» y el argumento de «esto es lo que me toca» como lo ha escrito Denise Dresser. ¿Ya estamos indignados? 


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