#ANDOMORELEANDO

Los ninguneados

Hace poco más de tres años fui invitado por mi ahora querido amigo Francisco Valdés Perezgasga a formar un grupo de ciclismo urbano que promoviera el uso de la bicicleta como una alternativa ecológica de movilidad y a partir de esa elemental actividad, promover el respeto de los derechos de los peatones, exigir transporte público de calidad, demandar la construcción de infraestructuras para la bici y algunas otras causas pero todas apadrinadas por el mismo espíritu,  humanizar la ciudad y regresarle la escala de quién las construye día con día. Desde entonces recordé el gusto por pedalear. Tome una bicicleta después de más de veinte años de no hacerlo y ahí comprobé lo que se dice a cerca de algo que nunca se olvida «es como andar en bicicleta». Empecé a moverme en bici cada vez más pero sin dejar de usar el coche. Esta tendencia casi mundial no ha podido deslindarse de las modas y ha sido en algunos países (México, por ejemplo) un tema controversial y después de muchos debates con amigos y familiares el ciclista pocas veces sale bien librado. Igual que otros grupos de olvidados, los peatones y personas con discapacidad no son detectados por el radar de los gobernantes y muchas veces ni de los automovilistas. Se privilegia en los presupuestos  federales, estatales y municipales la construcción de infraestructuras para el coche. Los consejos ciudadanos de vialidad siguen siendo conformados por automovilistas, haciendo oídos sordos a los otros grupos. Desde que recordé a la bicicleta no  volví a ser el  mismo tras el volante del coche. Me ha resultado imposible no imaginarme en el lugar de ese desprotegido ciclista que va delante de mi y de ese solitario caminante que se las ingenia para cruzar esa transitada  avenida.  He descubierto que ejercicios tan sencillos como pedalear y caminar nos regalan una sensibilidad especial y a través de experimentar la vulnerabilidad nos permiten recordar nuestra naturaleza. Por eso, cada vez que puedo invito a caminar y a andar en bicicleta (aunque sea en grupo y escoltado por algún agente de vialidad). Después de revivir estas dos experiencias que nos recuerdan a las niñez (en la mía caminábamos y pedaleábamos) será difícil no quedar cautivado por alguna, pero en caso [extraño pero posible] de no ser así, no se regresa siendo el mismo neurótico, impaciente, prepotente y salvaje automovilista que alguna vez se apoderó de nosotros, en cambio podemos volvernos cuidadosos y  a caso  responder las preguntas que hacen los defensores del coche y que tal vez nosotros mismos nos planteábamos: ¿Por qué no usan los puentes peatonales?¿por qué circulan en bici por la banqueta? ¿por qué no cruzan por las esquinas?¿por qué piensan que deberían llevar la preferencia?¿por qué no usan casco?¿por qué circulan en sentido contrario? Y muchas otras más. Tal vez inspirado en algo así Galeano escribió sobre «...los nadies: los hijos de nadie/ los dueños de nada/ los nadies: Los ningunos, los ninguneados/ corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos/ re jodidos».  


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