#ANDOMORELEANDO

El despertar ciudadano

Actualmente nos encontramos otra vez ante el momento decisivo del futuro de nuestras ciudades, ese eterno instante que ya no sabemos cuándo empezó ni cuando vaya a terminar, es decir, cada momento es crucial.
Asumir la realidad como una imposición inamovible e inalterable ha sido, por muchos años, una de las causas, sin duda, de la profunda crisis social y política (por mencionar sólo dos) en las que actualmente nos encontramos sumergidos. Richard Sennett escribió:
“Una manera de describir el pasado es  a través de imágenes del ascenso y ocaso de un apreciado estilo de vida. Estas imágenes naturalmente producen una sensación de pena y la pena es un sentimiento  peligroso a la vez que provoca empatía, y de este modo cierta apreciación, la pena induce a la resignación con respecto al presente, y de este modo cierta aceptación de sus males”.
Vivir resignados a que nada puede cambiar,  a culpar al de enfrente de nuestra desgracia, es, a veces, un mecanismo de defensa que, si se emplea seguido, nos lleva a la sociedad de las víctimas. Un lugar gris donde nadie es responsable de nada, donde nadie se preocupa por nada ni nadie, donde la vida pasa sobre quienes ahí residen. A lo anterior le podemos agregar  lo que Bauman llama “la vida líquida” en la que nadamos todos los días, esa que “se forma por una serie de fuerzas centrípetas y centrífugas, gravitacionales y repulsivas que se combinan para mantener a los inquietos en su sitio y para impedir que los descontentos lleguen a inquietarse”.
En estos tiempos la participación ciudadana ha tomado importancia precisamente porque había brillado por su ausencia, el dejar la resignación guardada en un cajón y comenzar a ver la vida con ojos de esperanza, el dejar de creer que salir todos los días a trabajar honradamente es suficiente, son reflexiones que cada vez se escuchan más seguido y eso es bueno. El espectro de la participación ciudadana es muy amplio y no se limita, como nos han repetido hasta el cansancio en mal hechos spots televisivos, a votar cada cuatro o seis años; la ciudadanía activa  nos empuja a formar o pertenecer a colectividades, a exigir rendición de cuentas, a entablar relaciones con desconocidos, a visitar espacios públicos, a conocer a fondo la ciudad y a interesarnos por los problemas que la aquejan.
Como un cuerpo humano en el que han prosperado células malignas (corrupción, violencia, apatía, etc) el sistema inmunológico comienza a hacer su trabajo y la fiebre aparece como mecanismo de defensa (la ciudadanía participativa) para combatir a esas células que se han deformado; así nos sentimos quienes nos encontramos buscando la forma de como pasar a ser parte de la solución y no del problema, quienes protestamos proponiendo y actuamos contagiando o tratando de hacerlo. Creo que la participación ciudadana debe dejar de ser vista como una intromisión en los asuntos de los gobernantes, el poder ciudadano que no derroca sino el que construye, colabora y suma.
Ahora tenemos la oportunidad de darle vuelta a nuestra realidad y cambiarla por una donde gobernantes y ciudadanos podamos reconciliarnos, una nueva realidad donde colaborando cada quien desde su trinchera, podamos regresarle a Torreón el brillo en la mirada, la sonrisa terregosa y sus ganas de caminar. Los canales de comunicación están abiertos y el futuro es alentador, sigamos construyendo.


@moreleandoTRC /@jorgeruvao