Intersticio

Sobre la vivienda de (des)interés social

Una de las componentes más importantes en las ciudades ha sido, desde hace mucho tiempo, la que se refiere a la vivienda.  Los indicadores referentes a ese tema son noticia muy seguido por su importancia y además por haberse convertido en un tentáculo más del arrebatado capitalismo que ha convertido lo que en teoría tendría que ser un derecho, en un lujo al que solo un pequeño sector de la población tiene acceso. Lo que se lee en el artículo 123 de la constitución, fracción XII es que:

“Toda empresa agrícola, industrial, minera o de cualquier otra clase de trabajo, estará obligada, según lo determinen las leyes reglamentarias, a proporcionar a los trabajadores habitaciones cómodas e higiénicas…”

En la práctica, no es necesario ir a la profundidad del tema para advertir que algo no camina bien. La paulatina pero eficaz colonización que el valor de cambio estableció por encima del valor de uso, como lo analizó Lefebvre, ha convertido a las ciudades y sus espacios urbanos en productos que se son artífices de la desigualdad que cada vez nos separa más.

La vivienda se ha convertido en un instrumento para la especulación y eso ha llevado a muchas ciudades del mundo a replicar modelos ineficientes que en los últimos años han exaltado sus rasgos vulnerables. Mientras  el censo del 2010 nos mostró que casi cinco millones de casas se encuentran en abandono, los desarrollos de centenares de viviendas siguen estirando la mancha urbana con todos los costos económicos pero sobre todo los sociales que esto conlleva. Así que el problema ya no es el como aprovechar al máximo cincuenta metros cuadrados construidos con materiales de baja calidad sino repensar esos lugares de hacinamiento como posibilidades para la construcción de espacios públicos queson en donde se lleva a cabo la vida durante el día, convirtiendo la vivienda en el dormitorio al que la familia que la habita busca diferenciar de la neurótica uniformidad colocando una maceta en su cochera o pintando su puerta de amarillo.


@jorgeruvao