Intersticio

Peregrinar resistiendo

Peregrinar y caminar no son lo mismo. Lo primero se hace creyendo en algo que merece adoración y lo segundo se puede hacer sin creer en nada. Pero ¿creer en qué? En medio de una realidad a la que solo accesamos por pequeños lapsos porque ya no soportamos vivir en ella. Creer en el caminar acompañado, peregrinar resistiendo es lo que toca.

Ver como desde temprano grupos de familias se reúnen en las banquetas a esperar las marchas. Peregrinar resistiendo mientras los olores a elote cocido, harina y canela se apoderan del aire que todos compartimos. Desde el siglo XVIII la cultura Tlaxcalteca nos heredó la tradición y no ha parado desde entonces.

De aquí somos, aquí seguimos y peregrinamos resistiendo, mientras la ciudad cambia de envoltura pero jamás maquillará sus raíces. Porque la ciudad se construye también de tradiciones y costumbres, porque esas son las que nos hacen especiales, diferentes. Peregrinar resistiendo al mismo tiempo que le gritamos en la cara a ese pedazo de hojalata que nos roba el oxigeno y nos mata cada día que las calles son nuestras, aunque sea por un momento. Así, como por asalto, la masa festiva y ruidosa de los de a pie camina desafiante por sus calles y las respira, llena de ciudad. 

El sonido de los tambores nos convoca y nos recuerda, hay que resistir. Peregrinar resistiendo mientras el imaginario concepto de libertad se asoma solo para recordarnos que no existe. Caminar creyendo o sin creer pero siempre resistiendo, sintiéndonos vivos en cada paso y cada aliento. Eso une al peregrinar con el andar a pie, resistir en cada paso, por un lado a que nuestro pasado se borre y con el nuestros ancestros y por el otro a seguir siendo esclavos de un sistema que nos mantiene sometidos hasta en los más pequeños detalles de nuestra existencia.

Peregrinamos persiguiendo a esa utopía que se burla de nosotros pero siempre nos deja viva la esperanza de que el mañana será mejor que el ahora. Peregrinar mientras podamos y resistir siempre para poder respirar aire nuevo, por que quien camina confía en el siguiente paso, sea cual sea y aunque nos lleve de nuevo al mismo lugar desde el que volvemos a empezar a resistir pero siempre caminando. 


@jorgeruvao