Intersticio

Caminando por Tokyo

A los de la generación a la que pertenezco nos ha tocado ver grandes avances tecnológicos. Yo al menos, recuerdo el primer televisor a blanco y negro, con perillas para cambiar de canal.  Hemos escuchado la música en vinil, en casete, en disco compacto y luego en mp3.

Todavía alcancé a dibujar planos a mano en la universidad.

El asunto es que los últimos veinte años han sido de vertiginosos avances que nos han hecho, sin duda, la vida más sencilla pero con implicaciones que todavía no se alcanzan a dimensionar por ser en muchos casos tecnologías de reciente implementación en nuestra vida cotidiana. También se alcanza a leer entre líneas un mensaje difuso a cerca de nuestra relación con el entorno físico. Normalmente la tecnología nos ahorra pasos, esfuerzo (físico y mental) tiempo y dinero, dando lugar a la sociedad de los ansiosos. Aquí cabe lo que Bauman quería explicar cuando reflexionaba sobre la modernidad líquida, esa que nos exige ir a toda velocidad para mantenernos, si bien nos va, siempre en el mismo lugar y que ha dado origen al surgimiento de nuevos “espacios públicos”  en los que se da el encuentro entre desconocidos pero ahora dentro de la ingeniería del software. De esta forma se da lo que De Yarza Blache y León Casero llaman “guetos socio-virtuales, imperceptibles desde el espacio urbano material, producto de la hiper-personalización de los gustos y las apetencias”. 

De lo que sucede en el mundo virtual, me ha llamado la atención la posibilidad de dar una “caminata” por las calles de Tokyo, de recorrer paisajes urbanos impecables, limpios y casi vacíos, pero muy limpios, pero también vacíos. Por veinte dólares se puede comprar el paquete de “caminatas virtuales” por Tokyo y algunas ciudades de Europa. Incluso existen “paseos en bicicleta” por las calles de Ámsterdam. Me puse los audífonos, apagué las luces y me sumergí en el recorrido, me sentí extraño.

Es posible sentirse solo y con miedo en el impecable mundo virtual. 


@jorgeruvao