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Otra vez la aduana

La población de Matamoros había dejado de experimentar los sinsabores de la prepotencia aduanera, ya que los cambios ejecutados desde el centro, le devolvieron a la ciudadanía la tranquilidad necesaria para volver a transitar libremente entre los dos países sin necesidad de pasar tragos amargos.

Todos recordamos los excesos de quienes se sintieron durante muchos tiempo dueños y señores de  la verdad absoluta en materia aduanal, al ser protegidos por un administrador corrupto que hacía valer sus nexos con el crimen permitido, como patente de corzo para que sus subalternos trataran con desprecio a los habitantes fronterizos.

Hoy las cosas han cambiado mucho, ya no se daban esos casos de abusos al margen de la ley, pues la nueva administración cambió absolutamente a todos los entes podridos que llegaron para lucrar a este rincón del país.

Sin embargo, quienes ahora se apostan ahí, de repente les da por ignorar las leyes y actuar prepotentemente contra quienes osen pasar con un vehículo americano siendo mexicanos.

Su ignorancia es tal, que no conocen las leyes aduanales, las que deberían de seguir al pie de la letra, pues pretenden aplicar su criterio contra quienes tienen todo en regla y simple y sencillamente aprovechan los beneficios que la misma ley les otorga.

La condición de ciudadano americano se adquiere por el simple hecho de que un hijo nazca en territorio norteamericano, eso tal vez lo ignoren los aduanales mexicanos, pero es bueno que sepan que si el propietario del vehículo es ciudadano extranjero, ese mismo automóvil puede ser conducido por su conyugue, sus ascendientes, descendientes o hermanos sin que esto sea motivo de infracción alguna.

Esta semana una ama de casa de Matamoros pasó las de Caín, pues fue detenida arbitrariamente en el puente viejo y privada de su libertad siendo trasladada a las oficinas del puente los tomates, dándole un trato inhumano y considerándola delincuente y contrabandista por el “delito” de conducir el vehículo propiedad de su hija.

De nada sirvió que les fuera mostrado el permiso de importación temporal y los antecedentes limpios de la honorable mujer, ellos los Policías Fiscales la retuvieron sin motivo por espacio de 6 horas.

El Agente de quien desconozco el nombre, pero lo habré de investigar, llevó el expediente hasta la sub administradora quien al percatarse del error, en lugar de devolverle la libertad de inmediato a la dama afectada, prefirió atender un perro policía con diarrea.

Ya cuando el can dejó de vomitar, con paciencia de monje tibetano pidió instrucciones a México D.F. para saber qué hacer cuando uno de sus agentes cometía un error, pero lejos de suspenderlo, tan solo modificaron los papeles para no dejar evidencia del error cometido.

Afortunadamente la señora no es dejada y tomo la decisión de presentar una denuncia al Delegado Regional de la Comisión de Derechos Humanos del Estado de Tamaulipas, a ver si así logran que los agentes aprendan a leer la ley, para que no tengamos que decir una vez más: OTRA VEZ LA ADUANA.