Melancolía de la Resistencia

Las zonas oscuras de Jack Kerouac

¿Queda desmitificado el escritor cuando se exponen sus zonas oscuras?, me parece que no, incluso creo que sucede lo contrario: que Kerouac, siendo como era, escribiera esas novelas, nos habla de un autor que era capaz de escribir contra sí mismo.

A partir de la desmitificación de Jack  Kerouac que hizo Joyce Johnson, en 1983, en su libro Minor Characters, cíclicamente se van apuntando espontáneos desmitificadores del padre de la novela beatnick. Johnson fue novia de Kerouac y con el material que le dejó aquel amor desgraciado escribió ese libro extraordinario que se tradujo, un poco a destiempo, al español (Personajes secundarios, Libros del Asteroide, Barcelona, 2008). Johnson habla, por ejemplo, de la asfixiante relación que tenía Kerouac con su madre, y arroja la teoría de que el escritor cambiaba de mujer continuamente para no serle infiel a su madre, que era su mujer eterna. En esta misma línea Ink Tank, un portal de minucias literarias, acaba de publicar una serie de datos, gruesos y anticlimáticos, sobre el escritor. Nos cuentan, para empezar, que el autor de On the road, y de Los vagabundosdel Dharma, dos obras que sirvieron de inspiración al movimiento hippie, era un ultraconservador que sostenía que los hippies eran “groseros y antipatriotas”, y además era un furibundo anticomunista que apoyaba la persecución salvaje que el senador McCarthy hacía de los ciudadanos que, según su exigente criterio, coquetearan con la izquierda o tuvieran aspecto de ser agentes soviéticos. Además Kerouac simpatizaba con la guerra de Vietnam y era herméticamente católico, con alguna simpatía por el Budismo; de hecho veía a su novela On the road, no como el canto a la libertad que hemos leído los demás, sino como “un viaje religioso”. Contra su fama de hombre entregado a los demonios de la bebida, se ofrece el dato de que Kerouac era un extraordinario jugador de futbol americano que desechó ofertas del Boston College y de la Universidad de Notre Dame, y aceptó la beca que le daba la Universidad de Columbia, porque estaba en Nueva York y él calculaba que ahí era más fácil convertirse en escritor. Justamente después de su graduación se rompió una tibia y dejo de jugar futbol para concentrarse en su escritura. Sobre el tema del amor exacerbado que sentía por su madre, que ya había denunciado Joyce Johnson en su libro, se cuenta que la llamaba memère, en francés, y que la llevaba a todos lados, incluso a los viajes que hacía; lo cual me hace sospechar que alguno de los vagabundos del dharma, o de los pasajeros del coche que recorre Estados Unidos en la novela On the Road, era su mamá y no un sucio poeta beatnick como hemos creído siempre. El nombre cariñoso de memère se debe a que la lengua materna de Kerouac era el francés o, para ser exactos, el Joual, que es lo que habla la clase obrera en Quebec, Canadá, la tierra de sus padres y él, aunque había nacido en Massachusetts, habló solo en ese francés de Quebec hasta los seis años, y en la calle se animó a hablar en inglés hasta los diez. “Soy un francocanadiense traído al mundo en Nueva Inglaterra. Cuando estoy enojado maldigo en francés. Cuando sueño lo hago casi siempre en francés. Y siempre lloro en francés”, decía Kerouac, y esto lo sitúa en esa estirpe de escritores que han escrito la parte sustancial de sus obras en una lengua que no era la suya, como Nabokov, o Conrad, o Samuel Beckett. Sobre la leyenda de que la novela On the road fue escrita en tres semanas frenéticas, en larguísimos rollos de papel, para que el escritor no perdiera el tiempo que le tomaba ir metiendo las hojas en la máquina de escribir, y así pudiera experimentar, con toda plenitud, su “prosa espontánea”, se establece que la novela no salió, como dice la leyenda, directa y espontáneamente de los rollos, sino que el escritor hizo muchas correcciones, antes de enviarla a los varios editores que la rechazaron y que el editor que finalmente la publicó, lo hizo después de aplicar una serie sustanciosa de recortes y correcciones. Durante su infancia, aunque el deporte que jugó fue el futbol americano, Kerouac era un fanático del beisbol, tanto que inventó un divertimento, basado en una docena de dibujos que se conservan hasta la fecha, con el que jugaba partidos enteros de beisbol, y tenía registrados los porcentajes de bateadores, corredores y pitchers para, entre un juego y otro, comprar y vender jugadores entre los equipos de su liga; ese juego infantil que inventó Kerouac, es el predecesor del FIFA que hoy se juega en las consolas. ¿Queda desmitificado el escritor cuando se exponen sus zonas oscuras?, me parece que no, incluso creo que sucede lo contrario: que Jack Kerouac, siendo como era, escribiera esas novelas, nos habla de su enorme talento literario; de un autor que era capaz de escribir contra sí mismo.