Melancolía de la Resistencia

Los tuitazos del astronauta Kelly

El astronauta Kelly nos informó, en un tuitazo verdaderamente escatológico, que en los 340 días de viaje espacial se bebió 193 galones de sudor y pipí depurados.

El jueves pasado, después de 340 días en el espacio, aterrizó en alguna planicie de Noruega el astronauta Scott J. Kelly. Nunca antes un astronauta de la NASA había permanecido tanto tiempo en el espacio. El record de permanencia lo tiene el cosmonauta ruso Valeri Poliakov, que estuvo 438 días a bordo de la estación espacial Mir. Esto si ignoramos la desventura del cosmonauta Ígor Fedrov, que cuando se colapsó la Unión Soviética, se quedó orbitando durante un tiempo record sin que nadie se acordara de él. Hay un corto noruego (Kosmonaut) que cuenta la historia de Fedrov, desde la ficción, y con el tiempo se ha venido a decir que aquel solitario orbitaje fue un bulo. Pero basta ver lo que pasó con los espías soviéticos, destacados en diversas capitales del mundo, para sospechar que algo de verdad hubo en la desventura del cosmonauta Fedrov, pues ese mismo año del colapso los espías fueron abandonados a su suerte, se quedaron sin jefe, sin misión y sin salario, lejos de su país. También hay otro record de permanencia que han reclamado los taikonautas chinos, aunque en las pruebas presentadas, que circulan en YouTube, algún internauta escéptico descubrió que en las caminatas espaciales hay unas evidentes burbujas que indican a las claras que el taikonauta no se desplazaba por el espacio exterior, sino que flotaba dentro de una alberca, bien plantada en la Tierra. La hazaña del taikonauta no fue registrada, aunque bien podría reclamar su record de permanencia en la alberca con traje de astronauta, cosa que, bien mirada, no debe ser fácil de conseguir.

Pero en esta era de la transparencia ya es difícil hacer chapuzas en el espacio, cuando menos para los astronautas de la NASA, que van narrando permanentemente su cotidianidad por Twitter, como fue precisamente el caso de Scott J. Kelly que, durante su estancia en el espacio, mando videos y cientos de fotografías desde su nave, del habitáculo donde trabajaba y de las asombrosas vistas que veía por la escotilla. El record del astronauta Kelly incluye una serie de cifras, por ejemplo, mientras él estuvo a bordo, su nave recorrió 143,846,525 millas, dando vueltas alrededor de la Tierra a una altitud de 250 millas, que son más o menos 400 kilómetros, una cifra que parece modesta, hasta que tomamos en cuenta el referente de un avión, que vuela a 10 kilómetros de altitud. El ejercicio diario del astronauta Kelly era subirse a una caminadora y, según sus cálculos, en los 340 días que estuvo en el espacio, recorrió 648 millas sin moverse de su banda elíptica, mientras su nave recorría miles de kilómetros. 648 millas son 1042 Kilómetros que, divididos por 340 días, nos da una media de tres kilómetros diarios de caminata estática. El retrete en una nave de esas, según nos contó un día otra astronauta tuitera, es un pequeño aspirador que absorbe los desechos corporales y los empaqueta herméticamente pues, de otra forma, esos desechos quedarían flotando en el interior de la nave y no es difícil imaginar el conflicto que generarían las 340 piezas, una por día, de mediana solidez, revoloteando a la vera del sofisticado instrumental. Estas piezas de mediana solidez no merecieron ni un tuitazo de Kelly, pero si nos obsequió valiosa información sobre los desechos líquidos, que vendrían siendo la orina, y el sudor que producía su cuerpo en la caminadora. Como el agua es muy pesada y llevarla al espacio es muy caro (por esto los Taikonautas, muy listos, invirtieron los términos y llevaron el espacio al agua de la alberca), los habitantes de estas naves recolectan su sudor (no sé cómo) y su pipí (con el aspirador) y con unas sofisticadas máquinas depuradoras los reconvierten en agua potable. El astronauta Kelly nos informó, en un tuitazo verdaderamente escatológico, que en los 340 días de viaje espacial se bebió 193 galones de sudor y pipí depurados. 193 galones son el equivalente a 730 litros que, divididos por los días que estuvo en el espacio, nos dan la friolera de un poco más de dos litros de agua reciclada al día, que una vez bebida y expulsada volvía a depurarse, de manera que, me parece, el astronauta Kelly debe haber expulsado, depurado y bebido esos mismos dos litros cada día de esos 340.

El miércoles pasado Kelly se despidió del espacio y los días siguientes nos fue comunicando, a tuitazos, su aterrizaje, la llamada que le hizo Obama, y la llegada a su casa, desde donde tuiteó: "Mi primera cena, en una mesa, en la Tierra. Cuando estaba en el espacio, más que la comida, extrañaba la experiencia de cenar", y yo añadiría, y la de beber un agua que no haya producido mi riñón.