Melancolía de la Resistencia

La terapia psicoplásmica

¿Qué pasaría si, a ciertas personas se les aplicara la terapia psicoplásmica de Cronenberg? ¿Qué clase de criatura produciría, por poner un ejemplo caliente, el inconsciente de Donald Trump? Y el inconsciente del "Piojo" Herrera ¿qué suerte de entidad, sin ombligo, procrearía?

Hace unos días el peluquero me planteó un problema antropológico: un grupo de exploradores encuentra, en el Polo Norte, dos cuerpos, de un hombre y una mujer, con las ropas carcomidas por el paso del tiempo. Los cadáveres estaban uno junto al otro, congelados pero con sus detalles fisionómicos bien visibles. Después de un rato de observación, uno de los exploradores aventura una hipótesis: son Adán y Eva.

Llegado a este punto el peluquero me preguntó: ¿cómo sabía ese agudo explorador la identidad de los cadáveres? Antes de plantear el problema, el peluquero me contó que había preguntado lo mismo a otro de sus clientes, y que este había tardado meses en encontrar la respuesta que le llegó durante un viaje que hacía por Panamá. Esto que voy contando sucedía en una peluquería de Barcelona, por eso la nota panameña tenía un atractivo aire de lejanía: un hombre de Barcelona resuelve un acertijo del Polo Norte desde Centroamérica. Para decepción del peluquero di inmediatamente con la respuesta: el explorador sabía que eran Adán y Eva porque los cadáveres no tenían ombligo.

Di con la respuesta porque más de una vez me he topado con la famosa discusión medieval sobre el ombligo de Adán y Eva, ¿tenían ombligo esas criaturas que no habían nacido de una mujer? La pregunta es pertinente incluso cuando se entiende que la Biblia es un libro que pertenece al género de la ficción. Mientras el peluquero, ligeramente desconcertado por lo poco que había durado el misterio, seguía cortándome el pelo, recordé a aquellas criaturas que inventó David Cronenberg para su película The Brood (1979), que en español se tradujo como Cromosoma 3; un título mucho más técnico que el original, que quiere decir “la prole” o “la camada”.

La prole de Cronenberg eran unas criaturas, que podían ser enanos o niños muy avejentados, que atacaban a las personas con una violencia feroz, a mordidas o a martillazos, y terminaban matándolas. Dejaban un montón de pistas, huellas (de pies desconcertantemente pequeños), ventanas rotas, el arma homicida; pero el asesinato era tan gratuito que la policía no podía dar con el móvil del crimen y, consecuentemente, no podía construir esa narrativa que normalmente conduce hasta el asesino.

En algún momento de la película, en medio de una salvaje zacapela, muere una de estas criaturas y el forense, cuando la tiene ahí despatarrada en la mesa metálica de las autopsias, pregunta desafiante al detective: ¿qué particularidad observa en este cadáver? Y el detective responde, con la misma rapidez que yo respondí a mi peluquero: que no tiene ombligo.

Aunque el modus operandi de las criaturas asesinas era muy caótico, la relación entre sus víctimas era cristalina: primero matan a la madre, y después al padre, de una mujer que estaba ingresada en la clínica del Doctor Raglan, que era una especie de institución psicoanalítica en la que se experimentaba con una nueva técnica: la Psicoplásmica. El terminajo apenas existe en español, pero en inglés la Psychoplasmic Theory tiene más calado. Se trata de una técnica para sacar a la luz conflictos que hibernan en el inconsciente, una especie de psicodrama en el que el doctor encarna, de manera histriónica, figuras traumáticas para el paciente; una suerte de psicoanálisis pero con un desenlace físico: los traumas escondidos en el inconsciente salen a la luz en forma de mutación física.

La mujer que está ingresada en la clínica, la hija de las víctimas de los asesinos enanos, mira de forma iracunda su pasado que el Doctor Raglan va haciendo aflorar, y poco a poco llega a la conclusión, nada original, de que la culpa de todos sus pesares la tienen sus padres. A estas alturas ya vamos viendo que, en esta fábula de Cronenberg, la terapia psicoplásmica aplicada a esta señora ha producido una mutación física, un brote sanguinolento que le cuelga, en el mejor estilo bíblico, de la última costilla, y que poco a poco se va convirtiendo en uno de esos enanos asesinos, y luego en otro y en otro. La ira que siente esta mujer contra sus padres ha encarnado en esos enanos que los han ido a asesinar.

Los enanos sin ombligo son la ira, nacen de las costillas como Eva y nos invitan a preguntarnos ¿qué pasaría si, a ciertas personas se les aplicara la terapia psicoplásmica de Cronenberg? ¿Qué clase de criatura produciría, por poner un ejemplo caliente, el inconsciente de Donald Trump? Y el inconsciente del Piojo Herrera ¿qué suerte de entidad, sin ombligo, procrearía? ¿Qué especie de organismo produciría, por poner un último ejemplo, el inconsciente de Cuauhtémoc Blanco?