Melancolía de la Resistencia

¿Cómo es, en realidad, la realidad?

O cuando descubrimos que esa playa donde no hay nadie no está vacía, porque delante de nosotros o a nuestro lado, vemos las huellas que va dejando ese mismo hombre invisible.

En el Observatorio Interamericano que está en Cerro Tololo, a 2 mil 200 metros de altitud sobre el nivel del mar, en Chile, se empieza a comprobar la presencia de la inquietante materia oscura. Una materia que existe pero que no podemos ver. Algo así como un hombre invisible al que vemos pero que, al sentarse en la cama, produce una hendidura en el colchón que sí podemos ver. O cuando descubrimos que esa playa donde no hay nadie no está vacía, porque delante de nosotros o a nuestro lado, vemos las huellas que va dejando ese mismo hombre invisible.

No podemos ver ni los protones ni los electrones y sin embargo existen. Y lo mismo pasa con los quarks, las partículas en las que estos se subdividen.

El astrónomo Fritz Zwicky hizo un descubrimiento en 1933 que nadie tomo en cuenta entonces: observó que un grupo de galaxias, el Cúmulo de Coma, se desplazaban a demasiada velocidad considerando la cantidad de materia que se observaba. Calculó que a esa velocidad las galaxias, en lugar de mantenerse en un racimo, tendrían que desperdigarse por el universo y así intuyó que tenía que haber una materia, invisible para el ojo humano, que cohesionara los elementos, que hiciera de pegamento para que las galaxias se mantuvieran juntas.

Ahora en el observatorio de Cerro Tololo hay un grupo de astrónomos que trabaja sobre la idea de Zwicky, o mejor todavía, que con una cámara potentísima hace fotografías para rastrear la materia oscura que cohesiona el universo.

Aquí en la Tierra también estamos rodeados de materia oscura: "se trata de algo que no emite ni absorbe luz y que, por lo tanto, ni brilla ni proyecta sombra alguna, tampoco interacciona con la materia ordinaria, simplemente la atraviesa", escribe Toni Pou, en el semanario español Ahora (Materia oscura, ver la oscuridad, 8-14 de enero de 2016). La materia ordinaria es el resto, lo que no es materia oscura, y eso nos incluye a nosotros. Es decir, que la materia oscura nos atraviesa, como un fantasma, permanentemente. ¿Cómo no se nos explicó esto antes? Hace décadas que nos hablan de la fuerza de atracción de la Luna, de cómo afecta a las mareas, y a las personas sensibles; esta información es tan poderosa que ha dado origen a la licantropía, a las personas que con la Luna llena se convierten en lobo, en los libros y en las películas hasta donde se sabe.

Pero la Luna está muy lejos y su luz, que yo sepa, no nos atraviesa. En cambio a la materia oscura, de la que nadie nos ha advertido nada, la tenemos aquí, atravesándonos todo el tiempo de un lado otro.

El dato sobre la proporción de materia oscura que hay en el universo es toda una revelación, para mí que no soy astrónomo: el 85% es materia invisible, que existe pero que no se ve, contra el 15% de materia ordinaria, un porcentaje al que estamos adscritos nosotros. "Es un resultado que contradice también la visión copernicana de que el punto de vista de la humanidad no puede ser especial o distinto al de cualquier otra parte del universo. No solo somos especiales, sino que lo somos de una manera literal: por lo que parece, estamos formados por un tipo de materia muy minoritaria en el universo", razona Pou en su ensayo.

A esta materia oscura que no vemos y sin embargo nos tiene rodeados, hay que afinarla con ese dato que aporta la física, y que dice que no somos capaces de percibir el 90% de la realidad o, dicho de otra forma, que eso que identificamos como realidad no es más que el 10% de lo que en verdad nos rodea. Y a esto hay que añadir que nuestro cerebro interpreta las imágenes que le envían los ojos; no nos enseña lo que ve sino su interpretación. Los ojos miran imágenes llenas de imperfecciones que el cerebro se encarga de corregir, desecha elementos, matiza otros, destaca algunos y algunos otros, aún cuando están ahí, los ignora; en suma, jerarquiza la realidad y nosotros terminamos viendo lo que el cerebro nos dice que vemos.

En estas condiciones ¿qué vemos? Desde luego vemos mucho menos de lo que existe a nuestro alrededor. Entre la materia oscura que no podemos ver, y que es la inmensa mayoría de todo lo que nos rodea y convive cada día con nosotros, y el pírrico 10% que según la física somos capaces de percibir, más nos vale ir aceptando que somos una especie de criaturas cegatonas.

Ante este oscuro panorama se imponen varias preguntas. ¿Qué es en realidad la realidad? En el observatorio de Cerro Tololo están elaborando un mapa de la materia oscura que no se parece a la realidad que conocemos. ¿Y nosotros?, ¿Cómo es en realidad una flor, un perro, una montaña? ¿Cómo es ese noventa por ciento que falta cuando nos miramos en el espejo?