Melancolía de la Resistencia

¿Se puede ser presidente y filósofo?

Los filósofos buscan la verdad mientras los políticos buscan el sesgo que logre convencer al electorado y, una vez que han ganado las elecciones, las medias verdades comienzan a multiplicarse...

Francia va a tener un presidente culto, que lee libros y tiene formación filosófica. Con este accidente electoral el país de la ilustración completa un círculo. La venerable cultura francesa ha llegado a la cima del poder político. ¿Se trata de un accidente positivo?, ¿un presidente culto es mejor que uno inculto? También podríamos preguntar, para acotar el campo, ¿leer libros te hace mejor persona?

El tema interesa en las Universidades de Estados Unidos pero ninguna ha llegado todavía a una conclusión sólida, no queda claro que una persona, después de leer Moby Dick, sea mejor en el espectro social o moral de su vida.

El caso de Emmanuel Macron es sustancioso porque él echa siempre por delante esa cultura que lo diferencia del resto de los políticos, es el político visible más culto de Francia y no pierde ninguna oportunidad para recordárnoslo, lo cual indica que él si cree que una persona muy leída lleva ventaja sobre los políticos incultos, o cuando menos sabe que el votante francés se encandila con los filósofos. Por eso habla siempre de su relación con el filósofo Paul Ricoeur y de la tesis, sobre Hegel y Maquiavelo, que escribió bajo la tutela del pensador marxista Étienne Balibar. También presume de que es miembro del consejo de redacción (puesto que seguramente dejará muy pronto) de la prestigiosa revista Esprit.

Semejante pedigrí ¿ayuda a la gestión del gobierno de un país?, ¿la entorpece? Además de su pedigrí filosófico Macron también exhibe cierto equipaje literario, escribe novelas, poemas y sabe decir de memoria, como lo demuestra un clip viral que circula en la Red, el primer parlamento de El misántropo, de Moliere.

Filósofos como Michel Onfray, o Myriam Revault d’Allonnes, dudan de que la relación entre Paul Ricoeur y Macron haya sido tan estrecha como él dice y lo sitúan, más que como sparring filosófico del maestro, como el muchacho que prestaba servicios varios, hacía fichas, investigaba cosas que se le pedían. También se duda de la tutela del marxista Étienne Balibar a la hora de escribir su tesis, sobre todo porque Balibar no recuerda absolutamente nada de aquel episodio, y porque la famosa tesis sobre Hegel y Maquiavelo no aparece por ningún lado.

Por lo pronto todas estas dudas nos invitan a pensar que Emmanuel Macron es más político que filósofo, pues ha logrado hacer pasar por buena una verdad sesgada. Los filósofos buscan la verdad mientras los políticos buscan el sesgo que logre convencer al electorado y, una vez que han ganado las elecciones, las medias verdades comienzan a multiplicarse para ocultar las promesas no cumplidas, las incoherencias y los golpes de timón, las maniobras muy oscuras sin las cuales sería imposible gobernar un país.

Ser un presidente filósofo, desde este punto de vista, es poco práctico e incluso contradictorio; para gobernar basta tener la piel gruesa, una inteligencia elemental y un equipo competente. La filosofía da lustre y esplendor pero sirve poco a la hora de gobernar, o tanto como le serviría a un piloto de avión o a un futbolista.

Los libros leídos amplían y diversifican, eso sí, la paleta moral de las personas, ofrecen un punto de vista con un ángulo mayor, una perspectiva y un horizonte más amplios. La palabra “amor”, la  “relación sentimental”, cambian para siempre en la persona que ha leído Anna Karenina de Tolstoi, o Los muertos de James Joyce. Como también cambia la idea que pueda tenerse del valor, de la aventura, del compromiso, del esfuerzo, en quien ha leído Moby Dick o El Quijote.

Una observación sobre El Quijote: ese sentido del humor cervantino y su propensión a las historias disparatas, que todavía practicaba el genial Valle Inclán, fueron aniquilados por el dictador de España: Francisco Franco mató al Quijote, desde los años de su dictadura, la literatura española se ha vuelto seria y solemne. Entre los exiliados republicanos que Franco dejó sin país después de la Guerra Civil, y que recalaron en México, venía el Quijote, con su humor y sus historias disparatadas que aquí siguen siendo un valor literario. El fuego cervantino se ha conservado aquí, desde 1939.

Pero volvamos a Macron, ¿los libros que ha leído lo hacen mejor persona? Desde luego le han procurado una visión moral panorámica, tiene más elementos para decidir que un político estándar, y más instrumental para explicar, de manera convincente, esas decisiones. Pero esto no lo hace ni mejor persona, ni lo hará mejor gobernante; sus lecturas, su barniz filosófico y su cultura en general pueden servir igualmente para que gobierne, con sobrada solidez intelectual, desde la inmoralidad.