Melancolía de la Resistencia

"El pájaro pintado"

El contundente éxito mundial de la novela de Jerzy Kosinski ofendió gravemente al régimen polaco, que montó una descarnada campaña contra el escritor.

Unos muchachos atrapan un pájaro, le pintan las plumas de diversos colores y luego lo liberan. Cuando el pájaro pintado regresa a su parvada, sus pares lo desconocen y comienzan a atacarlo a picotazos hasta que lo despedazan. El juego del pájaro pintado, además de una brutal alegoría sobre la intolerancia a la diferencia, era un divertimento, según contaba el escritor Jerzy Kosinski, propio de los muchachos campesinos de Polonia. Pero El pájaro pintado es también una extraordinaria, y tremendamente controvertida, novela, que publicó en 1965 el mismo Kosinski, arropado por el aura de ser un inmigrante polaco en Nueva York, que estudió en la Universidad de Columbia, y que después de ejercer todo tipo de oficios, se casó con una rica viuda, Mary Hayward Weir, que le doblaba la edad y que poseía un dúplex en Park Avenue y un jet privado. La novela tuvo un éxito notable, fue traducida a 30 idiomas y vendió millones de ejemplares en todo el mundo, excepto en Polonia, su país, donde tardaría más de veinte años en publicarse.

La historia de El pájaro pintado es la de un niño judío que en 1939 es enviado por sus padres, para salvarlo de los nazis, a casa de unos parientes que viven en el campo, como efectivamente le sucedió a Kosinski cuando era niño. A lo largo de la novela, el niño va pasando de una aldea a otra, como un pájaro pintado (era un judío moreno, como Kosinski, en una parvada de polacos rubios) al que nadie quiere. La historia, y su contundente éxito mundial, ofendieron gravemente al régimen polaco, que montó una descarnada campaña contra el escritor, difundiendo que Kosinski era agente de la CIA y que había escrito esa novela para desprestigiar al régimen comunista. A esa campaña se sumó el rumor de que Kosinski había plagiado la novela de un autor polaco desconocido y la ofensa del pueblo polaco que no se veía representado en los personajes primitivos y salvajes del escritor. En suma: Polonia declaraba la guerra a un libro que ningún polaco había leído.

La guerra llegó a Estados Unidos y empezó a calar entre la intelectualidad. La acusación de plagio se articulaba alrededor de la idea de que un emigrante polaco no podía haber escrito en inglés esa novela de prosa deslumbrante (¿y Conrad?). También decían que Kosinski había aceptado el ofrecimiento de un editor, que consistía en firmar la obra que iban a escribir tres o cuatro escritores a sueldo. Kosinski que más tarde, en 1970, publicaría su estupenda novela Being There (Desde el jardín), se defendía diciendo que él era autor de El pájaro pintado y de Being There, que también fue sospechosa de plagio. ¿Qué más podía decir?

En 1982, diecisiete años después de publicada la novela, el periódico The Village Voice publicó un flamígero artículo denunciando los plagios de Kosinski, que fue desmentido por otro que apareció en The New York Times. Los plagios nunca han podido comprobarse, ni tampoco que sus novelas las escribiera un equipo de escritores. Pero la vida personal del escritor no ayudaba: su viuda rica había muerto y se había vuelto a casar con Kiki von Fraunfhofer, una mujer que toleraba las famosas excursiones nocturnas de Kosinski a los clubs sadomasoquistas, donde un montón de testigos declararon que se dedicaba solo a mirar, y la introducción de amantes, espontáneas o de pago, en su departamento conyugal. Hay una entrevista en el documental Sex, Lies & Jerzy Kosinski (Agnieszka Piotrowska, 1995), en la que una amiga de la pareja cuenta que Kiki dormía en el sillón de la sala mientras Jerzy retozaba con sus amantes en la habitación.

La obra de los escritores debería disociarse de sus vidas privadas, pero en este caso la vida loca de Kosinski esponjaba las acusaciones que se hacían sobre su obra. La verdad es que basta con leer El pájaro pintado para darse cuenta de que el niño de la historia está fundamentado en el niño que él mismo fue, y que si un editor se hubiera puesto a fabricar ese libro, no hubiera hecho esa historia tan arriesgada y, sobre todo, basta leer Desde el jardín, o El ermitaño de la calle 69, para darse cuenta de que está uno frente al autor de El pájaro pintado. ¿O plagiaba siempre al mismo escritor?

La historia de los plagios nunca se esclareció y terminó mal. Jerzy Kosinski se suicidó en 1991, a los 57 años, con una mezcla de vodka y somníferos, y con la ayuda de una tétrica bolsa de plástico que le cubría la cabeza. Leí esta historia hace unos días, aprovechando la ociosidad de esta temporada de fiesta obligatoria, y pensé que Jerzy Kosinski era, más que el niño de su novela, el verdadero pájaro pintado.