Melancolía de la Resistencia

Nihilismo zombi

Dios no ha muerto, ha sido incorporado al baratillo esotérico en el que se asienta la espiritualidad del siglo XXI que nos invita a creer, con la ceguera del fundamentalista, en la luz interior y en el bienestar estrictamente personal.

John Lennon se metió en la cama con Yoko Ono y convocó a la prensa, en 1969, para protestar, en pijama, contra la Guerra de Vietnam. El acto era raro pero la protesta fue muy efectiva; no sirvió para acabar con la guerra pero, gracias a la fama de los personajes, la protesta se espumó a nivel, digamos, planetario. Me refiero a la fama de los personajes porque queda claro que si una persona sin fama alguna se mete a la cama para protestar por algo, nadie va a hacerle ningún caso, por noble que sea su intención.

La revolución desde la cama que montaron John & Yoko contaba con que el resto de sus contemporáneos, los destinatarios de su mensaje, no estaban también en la cama, sino en la calle y en las plazas montando esa protesta multitudinaria que, al final, sí que influyó para que terminara la guerra.

No sería justo soslayar que la protesta desde la cama es más cómoda que protestar con una huelga de hambre, pero estos ya son los privilegios de la fama de los Beatles que, como el mismo Lennon decía, eran entonces más famosos que Dios.

Aquella protesta desde la cama, por su narrativa y su estética, quedó inscrita dentro del universo jipi, un universo ante el cual siempre he tenido mis reparos (los odio) pero que tenía entre sus bondades un poderoso filón combativo: los jipis vivían en comunas, expandían su mente con drogas que les permitían ser uno y el mismo con el universo, apreciaban la naturaleza, inventaban medios alternativos de manutención, tenían un montón de hijos con diversas parejas, en fin, vinieron a demostrar que otra forma de vida, a contrapelo del establishment, es posible. Y sobre todo los jipis tenían conciencia política y energía y entusiasmo para encausarla.

La conciencia política de los jóvenes de aquella época se convirtió en un problema para los gobiernos y hay historiadores extravagantes que han detectado una maniobra, implementada desde Washington, para neutralizarlos. Lo mismo pasaba aquí, y en muchos otros países, lo apunto para que no parezca que se me está olvidando, y aquí lo dejo porque si me meto con el 68 el artículo se me convierte en otra cosa.

Aquella maniobra implementada desde Washington pasaba, por ejemplo, por combatir las letras altamente politizadas del rock con los estribillos inocuos de la música disco, que además proponía una moda andrógina y rabiosamente urbana, que rápidamente acabó con las greñas, las barbas y con la inclinación de irse a fundar una tribu en el bosque, o en una playa de Oaxaca.

La teoría de la maniobra, lanzada desde el Despacho Oval, para acabar con la juventud rebelde, solo funciona en el trazo grueso y se deshilacha en cuanto el episodio se analiza con cierta profundidad: neutralizar a la juventud con música es demasiada exquisitez para la tosquedad con la que suelen actuar los gobiernos.

Pensando en todo esto, ¿qué diría un historiador extravagante del futuro sobre la época que estamos viviendo hoy? Muy probablemente concluiría que hay una gran maniobra del establishment de occidente para neutralizar no solo a la juventud, sino a todos los que están todavía en edad de montar una revolución. La tendencia en el siglo XXI es buscarse a sí mismo, encontrar la felicidad interior, tratarse bien, quererse, realizarse como persona y expandir la salud, física y espiritual, por diversos medios, el yoga, el mindfulness, la militancia en la alimentación sana; la tendencia es cultivar la individualidad, bastarse a sí mismo. Como si no fuera ya bastante la individualidad que imponen los diversos tentáculos de la Red, encima viene el gurú del barrio a decirte que tú eres lo más importante. Si la felicidad y el bienestar solo están dentro de ti ¿cuál es el sentido de la colectividad?

Estamos distraídos mirándonos el ombligo, efectivamente neutralizados por la Red y por esa espiritualidad New Age que vino a suplantar a Dios: Dios no ha muerto, ha sido incorporado al baratillo esotérico en el que se asienta la espiritualidad del siglo XXI que nos invita a creer, con la ceguera del fundamentalista, en la luz interior y en el bienestar estrictamente personal.

La imagen de John & Yoko se lee hoy de manera diferente: en vez de invitarnos a hacer la revolución nos sugiere que nos metamos todos en nuestra cama. Estamos instalados en eso que Nietzsche identificaba como el “nihilismo pasivo”, pero en nuestro milenio el concepto necesita un retoque, la pasividad tendría que ser encarnada por un icono llamativo, claro, con un campo semántico más acotado para evitar otras interpretaciones. Tomando en cuenta todo esto yo propondría llamar a nuestra época: la era del nihilismo zombi.