Melancolía de la Resistencia

El espía número 10

A pesar de la enorme estatura intelectual de Josep Pla y del respeto que su obra sigue imponiendo, sobre su figura existe una siniestra sospecha: que en tiempos de la Guerra Civil trabajó como espía, en Francia, del general Franco.

Josep Pla es uno de los grandes ensayistas españoles del siglo XX. El arco de sus intereses lo abarca todo. Tiene ensayos sobre viajes, sobre diversas ciudades y pueblos, y también le interesaban la alta cocina y los modestos platillos que iba descubriendo, y anotando, en sus vagabundeos. Pero Pla también ensayaba sobre política (siempre procurando no meterse en líos), sobre literatura nacional y universal, y sobre temas tan periféricos como, por ejemplo, el sistema de construcción de los edificios en el barrio barcelonés de L’Eixample. La prosa y el tono de Pla, su amable rigor, recuerdan a aquellos ensayos poliédricos que escribía Jorge Jorge Ibargüengoitia en el periódico. Digo esto, asumiendo que toda comparación es imprudente y arbitraria, sin más motivo que orientar porque Pla escribía en catalán y esto, a pesar de que se trata de uno de los mejores ensayistas españoles del siglo pasado, le resta visibilidad. Su obra mayor, El cuaderno gris (que está, por cierto, traducida al español) es un estimulante compendio de inteligencia y sabiduría, una impagable carta de navegación que alumbra todos los recovecos de la vida. A pesar de su enorme estatura intelectual, y del respeto que su obra sigue imponiendo, sobre la figura de Pla había planeado siempre una siniestra sospecha: que en tiempos de la Guerra Civil, había trabajado como espía, en Francia, del general Franco. La sospecha ha dejado de serlo desde la reciente aparición de un libro del periodista Josep Guixà (Espías de Franco. Josep Pla yFrancesc Cambó), donde se cuenta la historia, escrupulosamente documentada, del trabajo de espía de Pla. Resulta que el escritor, huyendo supuestamente de un pelotón anarquista que fue a hostilizarlo a su casa, en el pueblo catalán de Palafrugell, se fue a Francia, con la coartada añadida de hacer una entrevista al escritor Georges Simenon. Llegó a Marsella y lo primero que hizo fue pedir una sopa bullabesa y llorar mientras se la comía. No queda claro si lloraba por haber dejado intempestivamente su tierra, o por el sublime equilibrio de la sopa. Pero hoy también sabemos, gracias a este libro, que después de la famosa bullabesa se puso a hacerla de espía, lleno de temores porque no sabía el oficio y era, ante todo, un escritor burgués y cobardón; aunque esta desventaja la compensaba con los prolijos informes que enviaba a Madrid. Unos informes larguísimos que desesperaban a su jefe inmediato que era Francesc Cambó, un empresario que multiplicó sus negocios en cuanto Franco llegó al poder. A Pla se le hacía responsable de un pitazo, lanzado desde su mesa en Marsella, que provocó el aparatoso hundimiento de un barco griego. Este libro lo desmiente, pero le cuelga un mérito nada menor para un espía advenedizo: gracias a sus contactos, y a las conversaciones que sostenía en los bares y en los cafés, descubrió que personalidades del gobierno republicano, y funcionarios de la Generalitat de Cataluña, sostenían una serie de reuniones secretas, con personalidades de la política francesa, que perseguían despertar la simpatía internacional por la República española y el repudio al golpe de Estado del general Franco. Pla contó esto, en uno de sus floridos informes, y las huestes franquistas, que operaban en Francia, acabaron con esas reuniones. Además de esto, que sería su gran éxito como espía, Pla hacía también micro espionaje, delataba republicanos clandestinos en Francia, llamaba la atención sobre conspiraciones que, según se criterio, podían convertirse en un peligro, y todo lo iba documentando en esos enormes informes que enviaba periódicamente a su jefe. El autor de este libro, que a los admiradores del escritor nos ha dejado descolocados, sostiene que Pla no solo era espía de Franco, sino que ostentaba el título de espía número 10 del Siene (Servicio de Información de Fronteras de España). Antes de la guerra, durante los años de la República, Pla era corresponsal de un periódico catalán en Madrid, y frecuentaba los círculos conspiradores que eran el germen del golpe de Estado; ahí se conectó Pla con los futuros jefes de su quehacer de espía, y además escribió, en catalán, una crónica extraordinaria de ese momento (Madrid, L’adveniment de la República). El punto fino de esta investigación que ha demostrado que Pla, efectivamente, fue un espía de Franco, son esos floridos informes que enviaba desde Francia, unas páginas que no eran de un espía, sino de un escritor preocupado por su prosa, y porque en esos textos técnicos palpitara su enorme talento literario. Al final el espía número 10, fue delatado por su vanidad de escritor.