Melancolía de la Resistencia

El cheeto

En su novela La conjura contra América, Philip Roth imagina que el presidente Roosevelt pierde las elecciones frente al famoso aviador Charles Lindbergh, un outsider al margen de la élite política de Washington. Lindbergh era un xenófobo que se sentía atraído por la figura de Adolf Hitler, y estaba convencido de que el aislacionismo era lo que convenía a Estados Unidos. Los detractores de Lindbergh, en la novela de Roth, sostenían que había llegado al poder gracias al apoyo de una potencia extranjera, que en este caso era la Alemania nazi. La novela sucede entre junio de 1940 y octubre de 1942 y tiene como protagonista a una familia judía (los Roth) de Newark, que naturalmente han votado por Roosevelt y que súbitamente se ven gobernados, y amenazados, por un piloto filonazi.

Cuando Philip Roth era niño sus padres votaban por Roosevelt y desde entonces, lo ha dicho en varias ocasiones, cuando ha votado lo ha hecho siempre por el candidato demócrata. Charles Lindbergh, no hay ni que aclararlo, era republicano y el eslogan de su campaña, que le copió Donald Trump, era: “America First”, primero Estados Unidos.

Desde que, hace unos días, la novela 1984 de George Orwell, se volvió un bestseller, gracias a los delirios verbales de Donald Trump, los lectores buscan antecedentes, presagios y vaticinios en las obras de ficción, y la de Roth encaja perfectamente, quizá más que la de Orwell: un outsider escorado hacia el totalitarismo, apoyado por una potencia extranjera, llega a la presidencia y arremete contra los judíos, que en el caso Trump serían, con la salvedad de su mujer, los inmigrantes.

Que Trump haya convertido a 1984 en un bestseller, casi setenta años después de su publicación, y que la novela de Roth tenga una numerosa reedición, son dos noticias positivas en medio del torrente de despropósitos que dice, decreta y tuitea el infame presidente, al que los tuiteros californianos ya apodan “el manitas” y “el cheeto”.

Tiene gracia que este impulsor involuntario de obras literarias no lee nunca libros, ni hace nada más en su oficina, según una escalofriante nota que publicó el jueves pasado el New York Times, que sentarse frente a la televisión, a enterarse de lo que sus enemigos periodistas dicen de él, y a tuitear al vuelo, con su celular de siempre que se niega, por más que se lo piden sus asesores, a abandonar, sus opiniones sobre la opinión que de él tienen los otros, y avances de sus proyectos, y bravatas e insultos y toda clase de majaderías. Si Lindbergh hubiera sido presidente de Estados Unidos, como imaginó Roth en su novela, difícilmente se hubiera conducido y comportado como lo hace Trump.

Roth se defiende, en un breve intercambio de ideas que le propuso  la revista New Yorker dice que su “intención no fue escribir una novela en clave política”, y añade que el Lindbergh histórico, a pesar de que simpatizaba con el fascismo, era un héroe de la aviación, “que desplegó una tremenda fortaleza física y un genio aeronáutico cuando cruzó el Atlántico en 1927”. Lindbergh fue en su tiempo, dice Roth, “junto con Henry Ford, el estadunidense más famoso del mundo”. “En cambio Donald Trump es un farsante”, sigue diciendo, “es el tipo de los bienes raíces, el inmaduro e insensible matón capitalista”, y añade que también se sintió desconcertado cuando Nixon y George W. Bush ocuparon la silla presidencial, “pero por más que tuvieran limitaciones intelectuales o de carácter, no tenían nada que ver con la miseria humana de Trump, que no sabe cómo gobernar y además no sabe nada de historia, ni de ciencia, ni de filosofía, ni de arte”, y al final remata diciendo que el presidente maneja “un vocabulario de setenta y siete palabras”.

Pero más que en su novela, Roth opina que Trump está reflejado en The Confidence-Man (1857), de Herman Melville, otro libro cuyas ventas van a dispararse. Esta novela fue la última que escribió el autor de Moby Dick, antes de retirarse de la escritura, como por cierto hizo hace unos años, y para desgracia de sus lectores, el mismo Philip Roth. En The Confidence-Man, Melvillenos cuenta de un bote que navega Mississipi abajo, en el que van varios estafadores, uno que vende medicamentos naturistas que no funcionan, otro que pide dinero para una asociación ficticia que se ocupa de viudas y huérfanos, otro que vende acciones de una compañía quebrada, todos buscan hacer negocios fraudulentos. A Philip Roth le parece que el nuevo inquilino de la Casa Blanca podría ser parte de esa camarilla literaria. Podría ir Mississipi abajo vendiendo humo, soltando eslóganes robados, asegurando a quienes lo escuchan que un día será presidente de Estados Unidos.