Melancolía de la Resistencia

Cómo desenmascarar a un comunista

“La principal dificultad consiste en distinguir entre la persona que simplemente discrepa de la forma de ser estadunidense y aquella que la condena con el propósito de abolirla”

En la década de los cincuenta el ejército de Estados Unidos redactó un panfleto que circuló en periódicos y revistas durante varios años, titulado, literalmente, “Cómo descubrir un comunista” (How to Spot a Communist, US Army Headquarters, 1955). El motivo de ese texto puede parecer hoy una ingenuidad, pero en aquellos años el gran miedo de los estadunidenses, además de una invasión de extraterrestres o de mexicanos indocumentados, era el comunismo.

El panfleto empieza estableciendo que no existe una receta fácil para identificar a un comunista porque no se ajustan al cliché “del hombre barbado y burdamente revolucionario con una bomba de tiempo en el portafolio”. Luego explica que los comunistas en Estados Unidos provienen de diversos sitios y profesan distintas religiones, y además pueden tener un variado número de oficios. Además, este documento advierte que el Partido Comunista de Estados Unidos hace esfuerzos por mantener su clandestinidad con el objetivo de poder infiltrarse en la sociedad. Esto fue escrito en 1955 por respetables expertos de la época en el tema comunista y parecería, como dije más arriba, una ingenuidad, si no fuera porque los gobiernos occidentales distribuyen hoy un panfleto similar para que sus fuerzas de seguridad detecten yihadistas, ese nuevo terror que ha venido a sustituir el que provocaban los viejos comunistas del siglo XX.

Podríamos apuntar que la humanidad aprende poco de sus errores y de sus exageraciones, pero quizá la verdad sea que de tanto en tanto necesitamos un enemigo global que nos ponga los pelos de punta. “Aunque no hay un método seguro para descubrir a un comunista”, dice el texto, sí que hay, “afortunadamente” —y gracias a que su orientación política opera como la fe en los religiosos—, ciertas palabras y expresiones que emite, invariablemente, el comunista de pura cepa. Por ejemplo, concluían los expertos, al escribir los comunistas tienen preferencia por las sentencias largas; este es uno de sus rasgos más característicos. E inmediatamente después van al grano con una lista: “pensamiento integrador, vanguardia, camarada, chovinismo, fe sincrética, nacionalismo burgués, jingoísmo, colonialismo, hooliganismo, clase dominante, progresivo, demagogia, dialéctica, cacería de brujas, reaccionario, explotación, opresión, materialista”. Luego se advierte que, aunque estas palabras pueden formar parte del vocabulario de cualquier persona, los comunistas las repiten de forma machacona e inequívoca. Después de los términos pasan a los grandes  temas de los que siempre habla el buen y auténtico comunista, como son “el macartismo, la violación de los derechos civiles, la discriminación racial o religiosa, las leyes de inmigración, la legislación antisubversiva y cualquier legislación que tenga que ver con los sindicatos, el presupuesto militar y la paz”.

Las directrices que establece este panfleto invitan a imaginar la forma en que se obtuvo este contundente, y sumamente reduccionista, método para desenmascarar comunistas: los autores, ese grupo de expertos donde habría psicólogos y sociólogos, politólogos e historiadores, pero también expertos en inteligencia militar, deben haber enviado brigadas de espías a la calle, con la misión de que se infiltraran en círculos sociales sospechosos, en reuniones de garaje o de salón oscuro, y por lo visto también en fiestas y en eventos musicales pues, más adelante, se informa que los pasatiempos como “el baile y la música folk han estado tradicionalmente ligados al movimiento comunista de Estados Unidos”. Los autores de este panfleto desde luego ignoraban que su país no corría ningún peligro, que el capitalismo acabaría consolidándose en todos los países de la Tierra, con énfasis en los que en esa época eran comunistas furibundos, y que el comunismo terminaría disolviéndose en el aguarrás de la historia, o virando hacia lo verde y hacia lo ecológico.

Al final el panfleto, que sus autores denominan “estudio”, concluye que no se puede llegar a ninguna conclusión, que desenmascarar comunistas es un asunto complicado, y traza una línea roja orientativa para quien, con estas ideas bien aprendidas, quiera infiltrarse en algún grupo de su barrio, con la ilusión patriótica de denunciar un brote comunista. La línea roja es expresada en estos términos: “La principal dificultad consiste en distinguir entre la persona que simplemente discrepa de la forma de ser estadunidense, y aquella que la condena con el propósito de abolirla”.

El otro título que había pensado para este artículo era: “La mezquindad”.

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