Melancolía de la Resistencia

Mercuriales y saturninos

¿Qué puede tener más matices que la mitología griega? Enthoven propone que la gente se divida entre "tanatophilos" y "biophilos", los de las “pasiones tristes” y los del “amor a la vida”

Los griegos sabían que las personas se dividen en mercuriales y saturninas. Las personas mercuriales son las que están en la frecuencia de Mercurio, “el de los pies alados, leve y aéreo, hábil y ágil, adaptable y desenvuelto”, de acuerdo con el perfil que ofrece Italo Calvino, en una de las conferencias que escribió en 1985, para ser dictadas en la Universidad de Harvard. La muerte sorprendió al escritor italiano una semana antes de emprender el viaje a Estados Unidos, y las conferencias quedaron sobre su escritorio, cada una de las seis guardada en una carpeta de plástico y con un título global, tentativo y en inglés: Six Memos for the Next Millenium. Unos años después estas conferencias, que nunca fueron dictadas, se convirtieron en un famoso libro titulado, en español, Seis propuestas para el próximo milenio (Ediciones Siruela, 1989). Si Calvino hubiera pronunciado estas conferencias quizá, al haber cumplido con su objetivo, no hubiera sido necesario publicarlas, se hubieran perdido en el eco de un aula de Harvard, o hubieran quedado despiezadas en los cuadernos de apuntes de sus alumnos. Al temperamento influido por Saturno, el saturnino, Calvino lo define de manera breve y concisa: “melancólico, contemplativo, solitario”. En realidad se trata de ese esquema en el que han hurgado todas las culturas para explicarse a sí mismas, esa dicotomía que a veces es pandémica y celeste, o apolinio y dionisiaco; esas coordenadas elementales que nos sirven para orientarnos entre la multitud.

Calvino se mete en este tema, en su conferencia titulada Rapidez, para explicarnos en qué punto se encuentra él mismo: “soy un saturnino que sueña con ser mercurial, y todo lo que escribo está marcado por estas dos tensiones”. Después el escritor comienza a desmontar estas dos tensiones en una ráfaga genial de lucidez que sobrepasa los límites que he impuesto a este artículo, pero que está a disposición de cualquiera en ese famoso libro de conferencias.

He regresado a esta zona de Calvino, animado por la lectura de otro libro, más bien mercurial, titulado Manifeste Hédoniste (Editions Autrement, 2011), del filósofo francés Michel Onfray, que no es el mismo que está publicado en español, también de Onfray, con el título La fuerza de existir, manifiesto hedonista (Anagrama, 2008). Nótese que el traductor del filósofo al español adelantó un título que el mismo filósofo pondría tres años más tarde y en francés, a uno de sus libros. No añado más porque el exceso de datos se lleva los textos a las profundidades de lo saturnino y me parece que la prosa de periódico debe ser más mercurial, debe volar con la ligereza, o con la levedad que diría Calvino, que exige ese acto único, y al borde de la extinción, que es leer un periódico: extender dos hojas amplias de papel frente a los ojos e ir picoteando por diversas zonas de esa superficie hasta que nos sentimos llamados por un título, por una línea pescada al azar, por una corazonada de los ojos o por un parpadeo del corazón. En la lectura de periódico en tableta, que es lo de hoy, no hay amplias hojas del papel, no hay épica de los brazos extendidos ni extensión suficiente para que vuele la mirada, y además el picoteo es absolutamente literal: no se hace con los ojos, volando de una noticia a la otra y de ahí a una opinión, sino que se picotea la pantalla con la punta del dedo.

En el Manifeste Hédoniste, que es un libro caprichoso, escrito a varias plumas, el periodista y editor Jean-Paul Enthoven, escribe un breve ensayo titulado Mon antipode (Mi antípoda), en donde describe a su amigo Michel Onfray, que lo ha invitado a participar en su manifiesto, desde la tensión entre lo saturnino y lo mercuriano. Para empezar Enthoven nos recuerda una clasificación que aparece en una de las novelas de Henry James (El expolio de Poynton), y que divide a la gente entre los “once born” y los “many times born”, los nacidos una vez y los que nacen muchas veces. Enthoven, que escribe este ensayo en francés, cita a James en inglés, por eso he escrito en esa lengua la cita de la cita que acabo de hacer. Siguiendo el hilo de James, de los que nacen una vez, y así se quedan, y los que son capaces de reinventarse, Enthoven propone una división más radical, más contundente, que no tiene los matices que hay entre saturninos y mercurianos. ¿Qué puede tener más matices que la mitología griega? Enthoven propone que la gente se divida entre tanatophilos y biophilos, los de las “pasiones tristes” y los del “amor a la vida”, los que se quedan en la sombra y los que vuelan hacia el sol.