Melancolía de la Resistencia

Entre Banksy y el señor Lavacerebros

Entre el talento de M.B.W para vender, con gran cinismo y desparpajo, su obra hecha al vapor, y la clandestinidad de Banksy, hay algo que evidentemente no funciona; el impúdico exhibicionismo de M.B.W y la invisibilidad de Banksy son caras de la misma moneda.

Thierry Guetta, un excéntrico comerciante francés que vive, desde hace años, en Los Ángeles, se puso un día con una cámara de video a registrarlo todo. Una operación mercantil, el cumpleaños de una de sus hijas, la vida de su barrio, una barbacoa en el jardín, todo aquello que veían sus ojos era registrado por su cámara de video. También se puso a grabar el quehacer de un grafitero, el acopio de materiales, los preparativos, la toma por asalto de una pared y la ejecución del dibujo clandestino. Después de aquel grafitero, Guetta siguió con otros y así se fue convirtiendo en el documentalista accidental (porque no quería documentar, sino saciar su compulsión de registrarlo todo) de la pintura callejera en Los Ángeles. Además de grabar la planeación y ejecución de los grafitis, Guetta también ayudaba a sujetar la escalera mientras el grafitero pintaba y a veces, incluso, le tocaba ejecutar alguna zona del dibujo. La videomanía de Guetta cobró sentido el día que Banksy, el grafitero más famoso y misterioso del planeta, llegó a Los Ángeles, a dibujar paredes, y solicitó la ayuda del videomaniaco que, ya para esas alturas, era el mayor experto en grafiti de la ciudad. Banksy es una leyenda, es un grafitero inglés que pinta, con su estilo inconfundible, paredes de todas las ciudades importantes del mundo. La línea argumental de sus dibujos es la protesta contra los políticos, la policía y el ejército, la aristocracia, las grandes corporaciones y, en general, contra todo abuso de poder, y el efecto que produce invariablemente su obra es la reacción airada de la policía y de los alcaldes. Hace unos años el alcalde Bloomberg habló en televisión del vandalismo de Banksy, que le había pintado varias paredes y le había montado unos hirientes performances por las calles de Nueva York. El valor de este grafitero, más que la calidad artística de sus ocurrentes dibujos, es su talento para sacar de quicio a las autoridades. Hace dos semanas en la prensa inglesa se publicó la noticia de su arresto, se dijo que por fin se conocería el aspecto que tiene el artista callejero y que se revelaría su verdadero nombre pero, unas horas más tarde Banksy, que estaba en su escondite riéndose de su falso arresto, dibujó un grafiti que desarticuló la noticia. De este artista callejero del que nadie conoce el rostro, no hay más que una fotografía, del año 2001, que fue publicada en el libro Freedom Through Football, de Will Simpson y Malcolm McMahon, que es la historia de un equipo de nombre The Easton Cowboys & Cowgirls, que hizo una gira futbolera por Chiapas y jugó partidos contra el equipo “Los luchadores por la libertad zapatista”. ¿Por qué la única fotografía que hay de Banksy aparece en este libro?, porque el grafitero era entonces el portero de The Easton Cowboys & Cowgirls y, entre partido y partido, dibujó varios grafitis en pueblos chiapanecos y, mientras los ejecutaba, alguien lo fotografió. Cuando Banksy vio el material que había grabado Thierry Guetta en Los Ángeles, le sugirió que hiciera un documental pero Guetta, que como he dicho no era cineasta sino videomaniaco, armó un intragable mamotreto que él mismo Banksy tuvo que rehacer, editando de otra forma lo que había grabado el francés. El resultado es una pieza, estupenda y muy reveladora, de título Exit Through The Gift Shop, en la que vemos cómo Guetta, al fallar como cineasta y aprovechando lo que aprendió grabando grafiteros, se reconvierte en artista plástico bajo el nombre M.B.W. (Mr. Brainwash). El éxito de M.B.W es absoluto, el primer día de su exposición vende casi todo y gana cientos de miles de dólares. Su obra es, básicamente, pinturas o imágenes de otros artistas, retocadas por él; sería el equivalente de los dj que, sobre la canción de otro músico, montan sus florituras sonoras. Hay quien dice que este documental de Banksy es un mockumentary, un falso documental, y que M.B.W no es más que un actor francés, lo cual sería irrelevante para las preguntas que voy a plantear a continuación, pues el mundo del arte está lleno de M.B.W’s. Entre el talento de M.B.W para vender, con gran cinismo y desparpajo, su obra hecha al vapor, y la clandestinidad de Banksy, a quien los alcaldes y la policía quieren echarle el guante, hay algo que evidentemente no funciona; el impúdico exhibicionismo de M.B.W y la invisibilidad de Banksy son caras de la misma moneda: ¿no es excesivo y desproporcionado que el alcalde de Nueva York criminalice a Banksy por televisión?, ¿a qué altura de la jerarquía delictiva se encuentra un grafitero?, ¿por qué los farsantes como M.B.W venden, por mucho dinero, sus obras? ¿Somos idiotas?