Otro camino

¿De veras no hay de otra?

Urge una reforma profunda del sistema electoral que lo haga simple y evite este monstruoso aparato lleno de trácalas.

El “cambio” del IFE al INE tiene todo el tufo de un “trinquete”. Por enésima vez lo han usado como canje para conseguir ciertos objetivos. Ahora le concedieron al PAN la centralización, desapareciendo los institutos electorales estatales, a cambio del voto azul a favor de las reformas de Peña Nieto. Contra esa medida se pronunciaron varios a lo largo de meses, entre ellos el hoy presidente del INE. Como esa medida hay otras con clara tendencia centralizadora y restauradora.

Ninguna medida ha sido orientada a construir un sistema electoral abierto, sencillo y con credibilidad, ni las recientes ni todas las de los últimos decenios desde la llamada reforma de Reyes Heroles.

En casi todo el mundo democrático representativo electoral, las reglas son muy sencillas. En España, por ejemplo, el registro de partidos y candidatos es tan simple como esto: un grupo de ciudadanos formula un programa, hace unos estatutos, define su perfil político e ideológico y solicita su registro electoral. Sin mayor trámite se le otorga el registro y éste se mantiene o se pierde en correspondencia con los votos que obtenga ese conjunto de personas agrupadas en ese partido.

Es cierto que en México tuvimos necesidad de construir un sistema electoral desde los cimientos hasta los acabados, de manera absoluta. Por la sencilla razón de que aquí nunca hubo elecciones durante el priato. Eso condujo a crear un sistema lleno de candados para evitar alteraciones y un aparato gigantesco y costosísimo.

Sin duda, la hazaña del IFE de Woldenberg es inmensa, por lo que tenía que vencer.

Pero ya se vió que era insuficiente para acabar con la cultura del fraude y los impresionantes niveles de corrupción que se dan en el ámbito electoral.

Fracasó también la tesis del financiamiento público como único garante de evitar la presencia del dinero “sucio” en la contienda electoral.

Todos los poderes fácticos sin excepción, incluyendo el narco, inciden en todos los partidos y procesos electorales. El sistema de financiamiento público no lo evitó, pero si conformó un monstruo de mil cabezas donde el manejo de cientos de millones de pesos le dio a la partidocracia poderes infinitos, casi sin estar sujetos a ningún control. Resultado: los “partidos” son formidables negocios para las cúpulas que los administran.

Este “pluralismo” es distinto a la aplanadora del carro completo del priato, pero se convirtió en una especie de máscara donde todos los partidos, sobre todo el PRI, el PAN y el PRD, pero también la chiquillada, son caras del mismo partido. Es decir el PRI se transformó en varios PRI.

Por más que han pretendido dorarnos la píldora en torno al método para designar a los consejeros del INE, que ahora son 11; a fin de cuentas han sido los partidos quienes decidieron esos nombramientos.

Ahora además se dio en la práctica una exclusión de Morena, lo que va ha tener un alto costo de credibilidad desde el nacimiento del INE, no se diga en los procesos electorales por venir.

¿De veras no hay otro camino?

Urge una reforma profunda del sistema electoral que lo haga simple y evite este monstruoso aparato lleno de trácalas.

El cambio de nombre de IFE a INE huele mal.

joeloj7168@yahoo.com.mx