Otro camino

“Que veinte años no es nada…”

El levantamiento del EZLN, el inicio del TLC, el asesinato de Donaldo Colosio son los más importantes. Muchos articulistas, analistas y algunos periódicos, revistas y sus correspondientes analistas están publicando textos alusivos a esos temas.

El fenómeno del EZLN tiende a ser sublimado sin ninguna crítica o en el otro extremo condenado.

En aquellos días escribí el 8 de enero de 1994 en La Jornada: “Hoy más que nunca, el camino pacífico del cambio democrático es la vía para ponerle fin a un sistema autoritario y anacrónico, que ha dejado como saldo a un país poblado por millones de pobres y miserables… Democracia o barbarie, tal es la disyuntiva a la que nos enfrentamos…”

A pesar de los inmensos avatares de la lucha democrática, sigo pensando que es la única vía para realizar un cambio profundo en nuestro país.

“Desde la sublevación del 1 de enero de 1994... Marcos ha modificado su discurso. En la primera Declaración de la Selva Lacandona se proponía avanzar hasta la capital del país venciendo al Ejército mexicano… Después… el EZLN y Marcos lanzan su propuesta para convertirse en fuerza política…” (El País, 11 de junio, Joel Ortega Juárez).

Hubo otros virajes en la política del EZLN.

La marcha del color de La Tierra en 2001 y su arribo a la Cámara de Diputados fueron a mi juicio su momento culminante. No tuvo Marcos la capacidad de capitalizar esa inmensa fuerza expresada en más de 2 millones de personas movilizadas en apoyo al EZLN a lo largo del país.

Luego se propuso como fuerza alterna durante 2006, en la Otra Campaña, por lo que fue acusado de traición por AMLO, Poniatowska y otros de sus antiguos apologistas.

Conviene recordar la postura inicial de La Jornada en su editorial del 2 de enero de 1994, titulado  “No a los violentos”:

“Desde que en los años 70 fue acabado el intento guerrillero encabezado por Lucio Cabañas, en Guerrero, el país no asistía a un brote de violencia rural como el que comprende desde ayer al estado de Chiapas. La situación es condenable, entendible y delicadísima, todo al mismo tiempo, y para explicarla es preciso deslindar cuidadosamente los elementos.

“Cualquier violencia contra el estado de derecho, venga de donde viniere, tiene que ser en principio algo para condenar. Pero si quienes encabezan el alzamiento chiapaneco se proponen, entre diversos objetivos, la remoción del presidente de la República, vencer al Ejército mexicano y avanzar triunfalmente hacia esta capital, ya no se sabe dónde empieza el mito milenarista, dónde el delirio y dónde la provocación política calculada y deliberada.

“La tarea política sustancial, en una hora tan dramática, parece ser aislarlos; parece ser no confundir ni por asomo el delirio de los aventureros con las reivindicaciones históricas de los indígenas que, al fin y al cabo, forman parte de la legión de pobres de la tierra.” (Sin comentarios).

Marcos y el EZLN representan una opción genuina y éticamente incomparable frente al PRD, los dirigentes de Morena y otros, pero insuficiente para construir un camino viable para el cambio social y político del país.

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