Otro camino

La única certeza, la incertidumbre

“Estamos asustados por la fragilidad y la vacilación de nuestra situación social, vivimos en la incertidumbre y en la desconfianza en nuestros políticos e instituciones”: Zygmunt Bauman

 

La combinación de fenómenos contradictorios y complejos hace cada vez más difícil el análisis político del momento que vive México. Cualquier conclusión simplificadora tiene por definición la probable equivocación, tanto en el diagnóstico como en la propuesta de soluciones.

El momento político que vivimos no podría estar más enredado.

Después del apabullante inicio del gobierno de Enrique Peña Nieto, hoy no son pocos
los que lo consideran como un gobierno frustrado, que apostó más a lo escénico y a la divulgación de momentos de éxito, como lo fueron la firma del Pacto por México y sus iniciales pasos triunfales con la aprobación de las reformas educativa y la de medios. Incluso entre sus partidarios se nota una seria preocupación por la falta de realizaciones de este primer año de la restauración priista.
En el plano económico todos los pronósticos se han ido derrumbando. De una inicial expectativa de crecimiento de tres y medio por ciento del PIB, hemos caído a casi un punto en las predicciones para este año.

A pesar de que algunos de los panegiristas del régimen e incluso antiguos críticos consideraron al principio que era imposible una restauración del autoritarismo, en estos meses hemos visto cómo han resurgido las medidas represivas y de utilización de la policía e incluso de fuerzas militares para contener o frenar a los movimientos sociales o incluso tomar por asalto la plaza pública, como ocurrió a partir del desalojo de la CNTE del Zócalo.

Tampoco ha sido suficiente el haber encarcelado a Elba Esther Gordillo, símbolo de los líderes más corruptos del viejo corporativismo sindical, para considerar que este gobierno realmente ha emprendido una lucha contra ese corporativismo.

Aunque el panorama del gobierno tiene resultados bastante frustrantes, tampoco podemos decir que en el lado opositor haya habido grandes realizaciones.

En este momento, estamos presenciando cómo, a pesar de la fractura del Pacto por México, con la salida del PRD, el gobierno de Peña Nieto ha sido capaz de sumar al PAN en la aprobación de su denominada reforma política electoral y sobre todo cómo ha puesto las bases para la aprobación de la reforma energética, a tal grado que incluso se considera que la va a llevar más allá de la iniciativa original, sumando muchos de los aspectos que el PAN le propuso y que acentúan su condición privatizadora.

Lo sorprendente es que en el campo de los que combaten esta reforma, tanto el PRD como Morena, han sido incapaces de sumar sus fuerzas e incluso las han visto extraordinariamente mermadas, al punto de que el cerco que se tenía proyectado ante el Senado ha sido de una significativa debilidad. No solamente por la enfermedad inesperada de Andrés Manuel López Obrador, sino sobre todo porque no fue suficiente el empleo de una estrategia de manifestaciones innumerables en el Zócalo para construir una verdadera resistencia a la reforma.

 

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