Otro camino

La ola derechista continúa

Trump, brexit y ahora Le Pen son la expresión de un ascenso derechista a nivel planetario.

La fuente principal de ese derechismo, por algunos denominada “populismo”, es la xenofobia y en consecuencia una regresión al nacionalismo.

Tristemente la demagogia derechista tiene un gran apoyo en grandes sectores populares y específicamente entre los trabajadores.

Tanto en los antiguos barrios industriales de Inglaterra como en los de las ciudades de Estados Unidos y también en los cinturones “rojos” de Francia, los obreros han virado a la derecha y antiguos electores que votaban por los laboristas, los demócratas e incluso los comunistas ahora votan por las propuestas y candidatos derechistas.

La desastrosa política llamada “neoliberal” produjo un inmenso rechazo a la clase política en todas partes. Ello ha conducido al desprestigio de los partidos, incluyendo a los “progresistas”, como la socialdemocracia europea, pero no solamente a estos partidos sino a la política misma y con ello ha renacido el pensamiento mágico e infantil de buscar a “liderazgos fuertes y carismáticos” como única vía para echar abajo al fenómeno de la “globalización”.

Curiosamente algunas corrientes y partidos de “izquierda” también confunden la magnesia con la gimnasia y se refugian en las ideas nacionalistas.

No extrañe que en México ante el trumpismo surjan propuestas de boicotear el comercio con Estados Unidos y la idea de consumir solamente productos “mexicanos”.

La confusión prevalece en muchos seguidores del viejo nacionalismo. Tanto el del viejo cardenismo de los años 30 del siglo pasado, como los del echeverrismo y ahora los del echeverrismo tardío.

Para estos sectores, que no son pocos sino que pueden ser un poco más de un tercio de electores, la tragedia nacional comenzó hace casi 35 años, como resultado del “golpe de Estado técnico” propinado por los neoliberales que abrieron el país al exterior y sepultaron los “logros del Estado de la Revolución mexicana”.

La nostalgia llega al extremo de ignorar las inmensas desigualdades del “milagro mexicano” y considerar que en “aquellos tiempos” vivíamos mejor, aunque  no hubiese democracia”.

Cuidado.

joelortegajuarez@gmail.com