Otro camino

Más que trapacerías

Los poderosos lazos de interés y complicidad de la oligarquía —como los ha mostrado magistralmente aquí Carlos Puig— están detrás de los escándalos recientes derivados de las publicaciones en New York Times y del SwissLeaks, que involucra a HSBC.

Esta cuestión no es una más de las denuncias de trasnochados radicalismos, sino simple y sencillamente una realidad que tiende a ser cada vez más frecuente en el comportamiento de las élites mundiales y, a nuestra manera obscena, aquí en el rancho grande.

Ante el tema de conflicto de interés, quizá debiésemos buscar otra manera de denominarlo, porque en realidad se trata precisamente de lo contrario: la armonía de los intereses expresada en la concentración de poder en un grupo político.

Esto que pareciera tomado de un panfleto doctrinario está puesto en evidencia con los escándalos recientes.

Resulta muy revelador que uno de los personajes de esta picaresca sea José Nelson Murat. Un pandillero de los años 60 dedicado a golpear estudiantes, luego cercano acompañante del presidente
Echeverría, incluyendo su grosera incursión al campus universitario, después convertido en gobernador de Oaxaca gracias a su inmensa capacidad de chantaje, y, lo más insólito, diseñador y operador desde su casa en Las Lomas del Pacto por México. Este protagonismo es revelador de las dimensiones y personalidad del jefe del Ejecutivo, los partidos que lo construyeron, PRI, PAN Y PRD, y, por supuesto, las reformas estructurales que produjo, por más que algunos de sus conspicuos participantes hoy intenten presentarse como opositores.

El fenómeno aparente, el que está detrás y en el fondo, no es un mero asunto de trapacerías.

Estamos ante una más de las expresiones decadentes del sistema político.

No le son ajenas las diversas formas que se manifiestan en el bazar electoral. Como las que se ven en los cruceros de la ciudad donde señoras humildes sostienen, durante horas, mantas con las imágenes de los candidatos a algún cargo tanto del PAN como del PRD, lo que exhibe su triste condición de pobreza y la miseria política de los partidos que las contratan. Esta forma premoderna de campaña es parte del poder exhibido por el NYT.

 

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