Otro camino

Los “tortibonos” destruyen la academia

La UNAM es considerada por casi todos como una institución sagrada. Ante el desastroso panorama nacional para algunos es la única “que se salva”. Se repite el lugar común el camino para “avanzar” y hasta para combatir la desigualdad son la educación, la cultura, la investigación y la difusión. Tareas de las universidades.

Pocas veces nos asomamos a ver las condiciones de los académicos y los investigadores. En los años 80 las autoridades de la UNAM, con total apoyo gubernamental o a lo mejor obedeciendo sus instrucciones, implantaron un enredado sistema de “estímulos”, que los académicos o mejor dicho docentes de la UNAM y de todas las universidades públicas del país denominaban coloquialmente como tortibonos. Eran y siguen siendo una perversión. Con ellos se destruyó la academia, que es por definición un método colegiado para enseñar, aprender e investigar y en su lugar se impuso la codicia, como muy certeramente lo analiza Luis Fernando Granados al ir al fondo de los casos de plagio que se han presentado en las universidades. Nos dice: “Ese estado de cosas, por supuesto, son los estímulos, los mecanismos de reconocimiento de la “productividad” académica con los que todxs vivimos y —si tenemos suerte y contactos— de los que también nos beneficiamos. Para decirlo con precisión: la causa de la corrupción académica es la manera en que se articulan el régimen laboral y la regulación disciplinaria en las universidades mexicanas, o sea el hecho de que el estatus y el salario de los profesores dependen de la medición de su trabajo científico —y no tanto de su calidad—”.

Esta perversión perjudica también a los estudiantes. “La relación con lxs estudiantes se vuelve así más y más vertical: antes que discípulos o colegas en formación, lxs estudiantes se convierten en medios para producir más artículos, más capítulos y más libros “coordinados” (…) “La codicia se transforma pronto en complicidad: hacerse de la vista gorda ante el chambismo ajeno suele redituar en complacencia cuando somos evaluados”.

La destrucción de la academia es posible también por las condiciones de contratación de los docentes. Ya las comentaremos.

 

joelortegajuarez@gmail.com