Otro camino

¿Qué sigue?

La inmensa movilización nacional e internacional, sobre todo de los estudiantes, consiguió tumbar a Aguirre. Muchos intentan escamotearlo, incluso al interior del movimiento, con posturas de infantilismo radical o abiertamente demagógicas entre los dirigentes del PRD.

Ante su inmenso desprestigio internacional Peña Nieto “operó” con todos los dirigentes del PRD la “licencia” de Aguirre, aunque éstos hicieron el ridículo porque se les adelantó unos minutos. Lo hizo para exhibirlos.

Ante la cacería de estudiantes normalistas de Ayotzinapa surgió un inmenso movimiento de rechazo a la violencia derivada del creciente narco-Estado.

Como en el pasado lejano e incluso en el reciente, el movimiento estudiantil ha desempeñado el papel de encabezar la lucha contra un sistema político en franca decadencia; lo ha hecho ante la ausencia de un partido en sentido histórico o, como diría José Revueltas, cabeza del proletariado.

No es fácil para un movimiento de masas espontáneo impedir su manipulación por los partidos electorales y sus ancianos “líderes morales” o por los grupúsculos. Esta ocasión ha logrado, hasta ahora, preservar su autonomía.

Durante casi un mes todos los partidos intentaron evadir sus responsabilidades. El gobierno de Peña no ha podido quitarse la responsabilidad ante la opinión nacional e internacional, no solo por la cacería de Iguala, sino por las ejecuciones en Tlatlaya. Tampoco lo pudo hacer el PRD, cuyos gobernantes son los responsables directos de esa monstruosa pesadilla hecha realidad, a pesar de que incluso Jesús Ortega se quiso pasar de listo y propuso un “resolutivo” aparentemente radical: se trata de un crimen de Estado. Bajo ese mismo dogma quisieron refugiarse otros intelectuales cercanos al PRD para encubrirlo y de paso a los criminales gobernantes de Guerrero postulados por la misma franquicia.

Es evidente que la salida de Aguirre no soluciona la crisis en Guerrero; tampoco la gravísima cuestión de los 43 desaparecidos; mucho menos la quiebra del sistema político; por supuesto que no atiende a las causas profundas de la desigualdad, la pobreza y todos los elementos que sustentan un modo de producción basado en la explotación. Pero decir todo lo anterior, equivale a decir que el sol sale todos los días. El doctrinarismo no sirve de nada y puede convertirse en coartada de los poderosos de dentro y fuera del Estado.

Para todo el movimiento que se ha expresado en rechazo a la cacería y contra los poderes y sus partidos, pero especialmente para el movimiento estudiantil y sus actuales desafíos, son muy oportunas las palabras de Alex Chow, líder estudiantil del movimiento democrático de Hong Kong:

“El problema ahora es la confianza mutua, la cohesión. Creo que es un buen momento para ganarse nuevamente la confianza de la gente, pero hay desafíos, hay que trazar un plan de acción claro que convenza a todos y con el cual podamos avanzar juntos. Algunos quieren avanzar y otros creen que es hora de retroceder. Incluso dentro de los que quieren seguir avanzando hay divisiones: la Federación (su organización), por ejemplo, cree en seguir por el camino de la desobediencia civil y no solamente en la ocupación callejera”.


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