Otro camino

Se salen del Pacto, no del 'pactismo'

La salida del PRD del Pacto por México ha desatado una cascada de declaraciones dignas de Perogrullo: "Se busca consenso no unanimidad": Peña Nieto."Si se levantan de la mesa, tendrán que hacerse responsables de sus decisiones": Luis Alberto Villarreal, PAN, (órale). "No podemos avalar un atropello de las normas elementales de convivencia democrática": Alejandro Encinas (¿no lo es la ocupación militar del Zócalo?).

Antes, ahora y después se dice que en política se buscan acuerdos; nadie tiene la verdad; estamos viviendo un momento crítico que requiere la voluntad de todos para salir de él; no se puede dejar espacios vacíos; la derecha no debe ser la única que negocie; nadie debe abdicar de sus principios; no admitiremos acuerdos en lo oscurito; en democracia se deben admitir las posiciones diferentes...

Con estos choros mareadores, nuestros ilustres dirigentes políticos pretenden ilustrar a la plebe.

Obviamente nadie, ni aquí ni en China, ni en esta no dictadura ni en la anterior dictadura perfecta, ni siquiera en plena guerra (como en Vietnam), puede evitar negociar, acordar, pactar.

Zambrano —quien pasó de ocupar un lugar al lado de Peña Nieto a dar una conferencia de prensa en las escalinatas de la entrada a San Lázaro— nos ha dicho con vehemencia: "Son ellos los que están dinamitando el Pacto y la posibilidad de acuerdos."

Todo este cantinfleo no impide que, dentro y fuera del PRD, los enemigos del Pacto por México sigan considerando a Los Chuchos como entreguistas.

Casi nunca, ni cuando se cocinaba el Pacto en casa de Murat ni cuando se firmó el 2 de diciembre de 2012 ni cuando se gestaron las reformas mediática y hacendaria donde el PRD puso su sello, se dijo claramente desde la dirigencia del PRD la razón de fondo de su participación en este mecanismo surgido al día siguiente de la toma de posesión de Peña Nieto, es decir, el segundo día del regreso del PRI a la Presidencia de la República. Nada más, pero nada menos.

Vicente Lombardo Toledano, sus seguidores, los nacionalistas, los socialistas del señor presidente (Arnoldo Martínez dixit), los maoístas de las dos caras; todas esas posiciones defensoras de la política de apoyar lo positivo y criticar lo negativo de los gobiernos emanados de la Revolución defendían con claridad su política de alianza con el Estado mexicano.

Su fuerza sigue siendo muy importante. Una enorme porción de la sociedad comparte sus valores nacionalistas, como lo demuestran las encuestas en torno a la reforma energética, donde más de dos terceras partes de los encuestados rechazan cualquier tipo de inversión privada en el petróleo, al que consideran un baluarte de la soberanía nacional.

No extraña que sea el rechazo a una casi segura aprobación de la reforma energética por el PRI y el PAN la que produjo la salida del PRD del Pacto.

No queda claro que esta salida implique el abandono de la política pactista. Es decir, la práctica de años de esa corriente nacionalista de considerar al Estado y a sus gobiernos, exceptuando a los panistas, por supuesto, como instituciones progresistas que deben ser defendidas para combatir la infiltración derechista y neoliberal. Allá ellos.

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