Otro camino

Los salarios exhiben una desigualdad inmensa

Independiente de las motivaciones del gobierno del DF, su propuesta de elevar los salarios mínimos ha colocado la cuestión de los salarios, no solo los mínimos, en cierto nivel de atención mediática y política.

En estos días he podido constatar la inmensa ignorancia que tenemos del tema. Hasta algunos sedicentes izquierdistas de la clase media más o menos ilustrada desconocen la dimensión del problema de los bajísimos salarios en México. Según cifras del Inegi, a enero de 2014 hay 6.4 millones de personas que tienen un salario mínimo o menos y casi 12 millones con un ingreso entre uno y dos salarios mínimos. Es decir cerca de 19 millones de personas obtienen ingresos de sobrevivencia, lo que multiplicado simplemente por dos (si es que hubiese familias tan pequeñas) daría casi 40 millones. A eso hay que agregar millones que no perciben ni eso. No solamente en el campo, en la ciudad tenemos a los empleados de casi todas las gasolineras —concedidas todas a particulares, muchas a políticos—, que obtienen solamente las propinas; situación semejante tienen los cerillos en los almacenes como Walmart; las trabajadoras domésticas perciben de 250 a 300 pesos por jornadas a veces superiores a las ocho horas, sin ninguna seguridad médica o social; los taxistas que trabajan para dueños de los vehículos y de las placas —muchos de ellos que controlan decenas y centenas de taxis, también muchos de ellos políticos de todos los partidos— en jornadas hasta de 16 horas para reunir “la cuenta” de 250 o 300 pesos; los choferes de las peseras que trabajan a destajo y les pagan por número de “vueltas”, lo que los conduce a manejar con gran descuido y poner en riesgo a cientos de miles de pasajeros.

A todo lo anterior hay que agregar el denominado mundo de la “economía informal”.

Vendedores “ambulantes” con puestos en la vía pública que son extorsionados por todo tipo de coyotes y obligados a pagar cuotas semanales por un pedazo de suelo, donde exhiben sus mercancías; muchos de ellos tienen decenas de años en esa situación y son además “clientela” cautiva para ser “acarreados “ a todo tipo de mítines.

Los giros negros suman cientos de miles en antros, prostíbulos; todos sometidos a la trata de personas, casi siempre protegida por burócratas de los diversos niveles de gobierno, tanto en el DF como en todas las demás ciudades del país.

La situación en el campo es aún más desgarradora. Campesinos dotados de predios de una a cuatro hectáreas que producen unas cuantas toneladas al año de maíz, frijol, arroz, chiles, café o cualquier otro producto, con tan bajos precios pagados por los intermediarios que no les alcanza para pagar los insumos de fertilizantes y otros que se requieren para el ciclo agrícola. Eso sí, los intermediarios quintuplican los precios al consumidor.

Si el panorama salarial y de empleo continua así, la desigualdad y la pobreza seguirán aumentando.

¿Puede mantenerse eternamente un “modelo” capitalista así?

Los sindicatos están en quiebra a escala mundial y los de aquí no existen; se requiere un nuevo movimiento de asalariados sin charros.

 

joeloj7168@yahoo.com.mx