Otro camino

Muere Castro, nace su dinastía

La historia lo absolvió, dicen sus seguidores. Era un dictador, replican sus enemigos.

"Preferimos la dictadura a la democracia, dicen sin pudor sus fans mexicanos.

El bloqueo gringo es la causa de las ruinas. Los niños cubanos duermen sin hambre, mientras en el resto del mundo millones se van dormir sin alimento alguno.

Los enemigos de la Revolución callan éstos y otros logros"

Sus funerales reunieron a los jefes de Estados náufragos del socialismo totalitario hoy en plena restauración capitalista. Sin rubor alguno, Daniel Ortega imitaba los gestos del comandante en jefe y rechazaba los valores que endiosan la riqueza. Maduro se impacientaba y casi exigía callar al nicaragüense que encabezó la piñata, uno de los saqueos más grandes de la historia. Los chinos mandaron a un segundón, igual que Rusia. El presidente de Sudáfrica estuvo presente para agradecer la contribución de Cuba y Castro a la derrota del apartheid.

La presencia de los mexicanos es casi surrealista, Carlos Salinas, viejo amigo y protegido del comandante, estaba en las primeras filas de la tribuna. No tenía tan buen lugar Cuauhtémoc Cárdenas, quizá porque los cubanos estiman más a su padre y al PRI que a él. Enrique Peña Nieto tomó la palabra sin ser "compañero socialista" o antimperialista, pero sí presidente del gobierno priista cuyos antecesores fueron siempre amigos de Castro, quien permaneció callado ante la matanza de Tlatelolco.

Los funerales no se hicieron ante el cuerpo del viejo líder, ni siquiera ante sus cenizas, sino ante una manta con la efigie del guerrillero de Sierra Maestra y no del jefe del Estado socialista, por algo será.

Tras bambalinas, los aparatos se disputan la herencia del jefe de Estado cubano. Los hijos o nietos de Raúl figuran como los probables delfines y con ello fortalecerían la dinastía de Castro al modo de Corea del Norte.

No habrá cambios en Cuba. La progresiva restauración capitalista continuará. Las libertades seguirán canceladas.

El socialismo quedó atrás. Los gringos ya están de vuelta. Los invitaron los Castro.

Castro murió en su cama, invencible.

El fidelismo está de luto.

joelortegajuarez@gmail.com