Otro camino

No regresar al medioevo

Hace unos 30 años, en la revista empresarial Expansión y en Excélsior propuse crear la Unión de América del Norte. Canadá, Estados Unidos y México integrarían una región con libre comercio entre sí, incluyendo la libre circulación de la principal mercancía que exporta México a Estados Unidos: la fuerza de trabajo de decenas de millones de mexicanos que migran a Estados Unidos. Años más tarde, los tres países establecieron el Tlcan, que no incluyó la libre circulación de los trabajadores mexicanos y permanecieron las políticas antimigratorias. Obama ha deportado unos 2 millones y Trump anuncia que deportará a casi 4 millones de “mexicanos criminales”.

Estamos lejos de ir hacía la creación de la Unión de América del Norte con moneda única, cláusula de compensación para México consistente en un vigoroso financiamiento para fomentar el desarrollo y crecimiento de este eventual integrante de esa Unión de América del Norte.

En lugar de ese proceso, el triunfo de Trump está contra la libertad de comercio, pretende terminar con el Tlcan, deportar a millones de mexicanos y construir un muro de 3 mil kilómetros. No son amenazas o demagogia de campaña electoral. Trump está dando pasos para poner en práctica  sus propuestas aislacionistas, nacionalistas, racistas y retrógradas.

El modelo de globalización causó daños severos a los trabajadores, los convirtió en el precariado, también afectó a ciertas capas medias, impuso recortes presupuestales en vivienda, empleo, salud y educación, favoreciendo siempre a los grandes capitales.

Se incrementaron las guerras locales apoyando a regímenes dictatoriales.

Se produjo una crisis ambiental que amenaza la existencia misma del planeta.

Hay un gran rechazo a la globalización de cualquier tipo.

Los grupos de poder están en pleno desprestigio y con ellos los partidos, la democracia misma e incluso la política.

La ausencia de una opción avanzada se convirtió en el renacimiento del nacionalismo, la xenofobia y la ilusión en los líderes demagogos. Hay un viraje a la derecha.

También está cobrando fuerza un “nacionalismo” primitivo que convoca a no comprar productos extranjeros.

No hay que regresar al medioevo.

joelortegajuarez@gmail.com