Otro camino

La felonía es la peor política

La detención en Lázaro Cárdenas, Michoacán, del Dr. José Manuel Mireles, uno de los líderes de las autodefensas, junto con otros 82 por parte de fuerzas militares y policiacas tiene todo el tufo de una traición.

Apenas el 11 de mayo de este año, Mireles declaró “cambiaré la camiseta”, agradecido por la propuesta gubernamental de registrar las armas de los autodefensas (ojo: registra sus armas no quitárselas) para convertirlas gradualmente en Cuerpos de Policía Rural.

Vale recordar que en los primeros días de enero el Dr. Mireles fue trasladado a un hospital del Distrito Federal por un dispositivo del Ejército y la Policía Federal Preventiva para ser atendido de lesiones sufridas en un aterrizaje forzoso.

Meses después fue detenido, el 11 de marzo, Hipólito Mora, otro de los jefes de las autodefensas, acusado por el asesinato de dos personas y otras 35 acusaciones, pero fue liberado el 16 de mayo.

La complejidad y descomposición en y de Michoacán tiene una larga data.

Están involucrados los tres principales integrantes de la partidocracia. En los últimos años Michoacán ha sido gobernado por el PRI y el PRD a escala estatal y también por el PAN a escala municipal. 

Los episodios de violencia y complicidad con las bandas criminales implican a casi todos los integrantes de la clase política michoacana y, por supuesto, a la oligarquía económica: aguacateros, limoneros, transportistas, dueños de minas y otros.

No sobran los hechos chuscos como aquel de haber metido en una camioneta al hermano de Leonel Godoy a la Cámara de Diputados para que pudiese tomar posesión y así gozar del “fuero”. En ese operativo estuvo involucrado Alejandro Encinas. Hasta la fecha continúa prófugo.

La felonía cometida contra el Dr. Mireles no es nueva en la política mexicana.

El 4 de diciembre de 2006, todavía bajo la presidencia de Vicente Fox, fue detenido Flavio Sosa, en ese entonces dirigente de la APPO, justo cuando se encontraba en proceso de negociación con el secretario de Gobernación. Además de él, detuvieron a su hermano Horacio.

Es tristemente célebre el caso de Rubén Jaramillo y su familia, incluyendo a su mujer embarazada, quienes fueron asesinados en mayo de 1962 siendo presidente Adolfo López Mateos, quien se proclamaba de “izquierda dentro de la Constitución”, a pesar de que unas semanas antes se había reunido con el dirigente campesino morelense.

Hay múltiples traiciones a lo largo de nuestra historia, como la sufrida por Emiliano Zapata por parte de Guajardo.

También las han cometido personajes de la izquierda, como lo hizo Lucio Cabañas con Rubén Figueroa y ello tuvo un alto costo para su movimiento.

Nada justifica faltar a la palabra. Desde los principios de la historia cuando había enfrentamientos entre clanes, tribus y otros iniciales grupos sociales, siempre se podían negociar treguas.

En un pleito de pandillas en los barrios más bravos o entre aquellas de jóvenes preparatorianos de los finales de la década de los 50 y principios de los 60; siempre se podían poner “banderas blancas” para pactar una tregua o un acuerdo.

Haber llegado a pactar con las autodefensas, incluso con el aval de la Presidencia, para luego detener a sus dirigentes, es una felonía.

 

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