Otro camino

Los estudiantes tienen la palabra

Las respuestas al pliego petitorio de 10 puntos del movimiento del Politécnico hechas por Osorio Chong ante miles de estudiantes deberán ser discutidas, analizadas y decidir los siguientes pasos en todas y cada una de las más de 40 asambleas de las escuelas del Instituto Politécnico Nacional.

Nada del otro mundo.

En todo ese tramo estarán presentes los desafíos de siempre: considerar cómo se avanza más y mejor.

Existe muy arraigada una cultura de la derrota y la victimización, frecuentemente disfrazada de radicalismo, la cual ha causado grandes daños a otros movimientos estudiantiles.

La incapacidad para asumir las victorias, aunque sean parciales, convirtió a inmensos movimientos masivos en pequeños grupos radicalizados aislados del conjunto de los estudiantes. Esto le ha servido a las fuerzas gubernamentales y le ha costado años e incluso decenios de desmovilización a los estudiantes.

El derrotismo es nefasto para los movimientos que buscan realizar transformaciones. Siempre se convierten en un factor de desprestigio de la lucha y favorecen el conservadurismo. Si acaso sirve para que algunos vivan de la nostalgia o, peor aún, obtengan prebendas del poder, como supuestos detentadores de las “franquicias” de movimientos derrotados con salvajismo.

La política del todo o nada casi siempre conduce a callejones sin salida.

Los movimientos estudiantiles no se constriñen a las demandas explícitas contenidas en sus peticiones, cuando éstas existen; muchos movimientos no las tuvieron como el mayo francés del 68. Suelen expresar un rechazo al conjunto de la situación política o incluso al sistema social en su conjunto.

En gran medida el 68 mexicano era muy superior a los 6 puntos de su pliego petitorio. Expresó el profundo rechazo a un sistema autoritario.

La respuesta salvaje del Estado a un movimiento de masas que se expresó principalmente mediante las manifestaciones, los mítines, la huelga y las tareas de difusión, organización y denuncia de decenas de miles de brigadas; aunque también recurrió a las barricadas y las acciones defensivas contra los ataques policiacos, parapoliciacos y militares a sus escuelas; empleando incluso el uso de molotovs (lo que hoy niegan algunos de sus falsos apologistas); estuvo sustentada en una lógica de Estado autoritario basada en el control corporativo de la sociedad, la inexistencia de derechos y la simulación republicana.

A ese autoritarismo le era letal un movimiento libertario y democrático como el del 68. En esa medida tuvo una connotación revolucionaria, en tanto subvirtió el orden autoritario.

Tanto a los movimientos estudiantiles como al conjunto de las luchas sociales les ha limitado la ausencia de una cabeza, como diría José Revueltas, que sea capaz de transmitir la memoria histórica, construya organizaciones permanentes y ofrezca un programa, un rumbo, que sea capaz de rebasar la coyuntura.

Cuando generacionalmente estamos ante el final del ciclo de la del 68, no bastan las remembranzas a sus más destacados integrantes para darle continuidad a su lucha, sino pensar hacia adelante y en cómo construir un nuevo comienzo.

El movimiento del Politécnico tiene la palabra: puede triunfar.

 

joeloj7168@yahoo.com.mx